Agosto 2013. Feliz Navidad

Para mis amistades, tranquilidad. No he recibido ninguna mala noticia de salud que haga anticipar tanto mis buenos deseos. Tampoco tengo un estanco de lotería ni quiero venderles décimos. No, no van por ahí los tiros. Viene al caso por una de las conversaciones que suelo mantener con mis alumnos referida a la Ley del Liderazgo en marketing que exponen en su obra ya clásica por magistral Al Ries y Jack Trout “Las 22 leyes inmutables del marketing”.

Reza esta Ley que en el mundo del marketing es preferible ser el primero que ser el mejor, afirmación con la cual me encuentro absolutamente de acuerdo. No es mi intención desarrollar el argumento de dicha Ley sino simplemente abundar en ella y trasladarla a nuestras ocupaciones actuales.

A muestra de ejemplo, piense quien fue el primer hombre que pisó la luna. Neil Armstrong, verdad?. Y el segundo … y el mejor …? Pues ni idea. Lo objetivo gana a lo subjetivo y es lo que recuerda la mente del consumidor. A veces nos empeñamos en hablar de nuestros productos cuando lo que el consumidor tiene en su mente son percepciones. Y es mucho más fácil entrar en la mente el primero que convencer a todo el mercado de que nuestro producto es mejor que el de la competencia. Marcas que ayer fueron las primeras en su sector, hoy se han convertido en genéricas para nombrar sus productos y siguen siendo líderes (Gillette, Kleenex, Coca-Cola, Formica, Aspirina, Gore-Tex, Velcro …) y sinceramente no tengo ni idea de si son las mejores (para gustos los colores).

¿Y qué hacer en este mundo si nuestra empresa ya tiene años en el mercado con sus productos implantados y es tarde para ser el primero?  ¿O si es un joven emprendedor con una idea que ya existe? Piense en cualquier mejora a sus productos o servicios que pueda implantar rápidamente en su empresa y hacer que el mercado le distinga por eso. Sea original, no me hable de calidad (eso ya se supone) I+D+I (empieza a ser obligatorio) o medioambiente (todos apuestan por lo mismo).

Le lanzo una idea. Trabaje sobre las emociones. Lo que más recordamos los consumidores son las buenas sensaciones que cualquier empresa nos puede hacer sentir. Con tanto premio empresarial como hay hoy, va siendo hora de que se realizara uno sobre “la empresa emocionalmente excelente”, que premiara a aquella compañía que demostrara que sus trabajadores son felices en sus puestos de trabajo y trabajan con orgullo en la misma.

Siempre digo lo mismo. En mi familia tenemos perfectamente repartidos los papeles. Mi mujer es feliz comprando y yo soy feliz vendiendo (reconozco que ella lo hace mejor que yo). ¿Se imagina que los consumidores tuvieran en su mente la percepción de que cada vez que vayan a su empresa van a salir alegres, contentos, satisfechos y felices por el trato que les han dispensado en la misma? No sé si serían los primeros en lograrlo, pero no se crea que hay tantas. Intente enumerar diez en una lista y verá como le cuesta.

Pues ánimo. Sea el primero en implantar la gestión de las emociones en su empresa. Quizá nunca logre tener los mejores productos del mercado en su sector, pero seguro que habrá conseguido que quien deje su dinero en su empresa repita con gusto.

No sé si mis felicitaciones de Navidad serán las mejores que vayan a recibir este año. Pero espero que haya sido el primero en hacerlo. Y le prometo que lo hago con la mejor de mis sonrisas y emociones positivas para 2014.

Y, por si no está de acuerdo .. ¿Quién fue el primer presidente de los EEUU? Washington verdad? Y el segundo? Ala, vaya a Wikipedia …

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