La Confianza

La confianza es la base de todas nuestras relaciones. Personales y laborales. Nadie tiene amigos en los que no confíe. Nadie pueda admirar a un superior en el que no confíe. Y la confianza actúa como una cuenta corriente con sus ingresos y reintegros. Pero por cada vez que nos sintamos heridos o traicionados en la confianza que hayamos depositado en alguien, para volver al estado de equilibrio anterior harán falta muchos ingresos para equilibrar la cuenta. O dicho de otra forma, “la primera vez que me engañes, la culpa será tuya, la segunda, la culpa será mía”. No es fácil volver a confiar con quien nos hemos sentido traicionados. Y no tiene nada que ver con el perdón. Es conveniente perdonar, pero no olvidar. De no ser así, podríamos empezar a odiar. Y el odio es como el veneno, le sienta mal al que se lo toma.

Escuché una noticia en la radio que me conmocionó. Hasta qué punto hemos llegado a perder la confianza. Contaban, es un suceso absolutamente verídico, que una señora mayor iba al banco cada principio de mes. Pedía a la cajera que le mirara si le habían ingresado la pensión. Ésta se lo confirmaba y la ancianita pedía que le sacara dicho dinero. Una vez que la cajera le daba el dinero, la señora lo contaba, se aseguraba que le habían dado exactamente el importe de su pensión y pedía de nuevo a la cajera que lo volviera a ingresar.

“Es que yo no me fio de que el Estado no se equivoque y me ingrese menos dinero”.

P.d. Si uno gestiona muy muy muy bien las cosas básicas como puede ser cuidar de la gente, escuchar con interés, reaccionar con intensidad cuando se produce el más mínimo error y saber pedir perdón cuando se equivoca, las cosas le irán bien, tanto en tiempos buenos como en tiempos malos.

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