Las Ventas

Haga una prueba. Vaya al colegio de sus hijos y pregunte a sus amiguitos: ¿Qué queréis ser de mayor? Seguramente le respondan con los oficios o profesiones más diversas, pero seguro, absolutamente seguro, que ninguno de ellos responderá con orgullo: “VENDEDOR”.

Y ahí comienzan los problemas de esta profesión tan maravillosa. Si uno de nuestros hijos nos dijera que quiere ser vendedor, creo que más de un padre/madre  diría “qué decepción, hijo mío, con lo que nos hemos sacrificado en tu formación”.

Incluso si revisan los anuncios que en prensa, internet, redes sociales, reclaman a este tipo de “sujetos”, verán la variedad de palabras, muchas de ellas en otros idiomas, que simulan lo que en verdad buscan… “Area manager, Key account, Director de cuentas, Consultor de clientes…”, todo menos vendedor.

Mal empezamos para dignificar la profesión. Y es que en verdad hay que hacerse la siguiente pregunta cuando uno comienza en esta maravillosa labor: ¿Tú necesitas vender o te has preparado y formado para ser un vendedor? La mayoría de los vendedores entran a formar parte del “club” como vendedores accidentales, no profesionales. Y eso se acaba pagando. Como les digo a mis alumnos, para que un médico empiece a ganar un €, necesita invertir al menos 18 años de colegio, mínimo 6 de carrera universitaria, suma otros 4 en el MIR, … conclusión, que hasta los treintaytantos todo es inversión en formación. ¿Y el vendedor?  Y el problema se acrecienta si pensamos que una mala tarde un vendedor es simplemente una tarde sin ventas, pero ¿qué ocurre en una mala tarde de un cirujano?

Dignifiquemos la más bonita de las profesiones. Vender es maravilloso y provoca un “chute” de autoestima simplemente inigualable. Pero no pensemos que con un poco de labia basta. Al final, te das cuenta que un jurista que solucione asuntos es un pasante, y un jurista que trae clientes al despacho se llama socio. Que el mayor problema de la odontología es el de las ventas. Hay que convencer al paciente de sacarle la muela del juicio, enfrentarte a sus reticencias y objeciones, persuadirle y convencerle que aguante el dolor, que pague, que sea en sus horas de trabajo y que vuelva pronto.  Pero ni en una ni otra profesión se enseñan ventas. Y deberían hacerlo.

P.D. Un vendedor le dice a su jefe:

-Jefe! Estoy dispuesto a dar el 100% de motivación en mi trabajo!

-Qué bien! Lo Felicito, dice el jefe, ¿Y cómo piensa hacerlo?

-15% el lunes, 22% el martes, 38% el miércoles, 20% el jueves y 5% el viernes

 

 

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