La experiencia

Cada vez que empiezo un seminario o curso y miro a los asistentes, me hago la misma pregunta.

¿Pensarán qué les puedo enseñar  yo con tantos años de experiencia como llevan ellos en su puesto de trabajo?

Pero como soy optimista (que en mi caso no es un estado pasajero sino un modo de vida) y, aunque alguno piense que son términos contrapuestos, del Atleti (que hace que encaje los golpes de la vida con excelente deportividad y costumbre) siempre pienso que algo les puedo aportar (optimismo) pero que antes les tengo que advertir que los verdaderos profesionales de su trabajo son ellos, no yo (del Atleti).

Y por ello me gusta empezar siempre los seminarios con una anécdota de Einstein y su chófer, que entre muchos otros lugares podéis ver en http://letranias.blogspot.com.es.

Se cuenta que en los años veinte, cuando Albert Einstein empezaba a ser conocido por su Teoría de la Relatividad, era con frecuencia solicitado por las universidades para dar conferencias. Dado que no le gustaba conducir y sin embargo el coche le resultaba muy cómodo para sus desplazamientos, contrató los servicios de un chofer.
Después de varios meses de viaje, Einstein le comentó al chofer lo aburrido que era repetir lo mismo una y otra vez.
-Si quiere -le dijo el chofer- lo puedo sustituir por una noche. He oído su conferencia tantas veces que la puedo recitar palabra por palabra. Y me haría infinita ilusión que alguna vez dejara mi triste profesión de chófer para recibir los aplausos que a usted le brindan.
Einstein estuvo de acuerdo y antes de llegar al siguiente lugar, intercambiaron sus ropas y Einstein se puso al volante (por esa época no existían las redes sociales, ni los programas del corazón, y se tardaba tiempo en conocer la cara de la gente, aunque fuera famosa…)
Llegaron a la sala donde se iba a celebrar la conferencia y como ninguno de los académicos presentes conocía a Einstein, no se descubrió la farsa. El chofer expuso la conferencia que había oído repetir tantas veces a Einstein palabra por palabra, con absoluta perfección.
Lo que no estaba en el guion, es que al finalizar su exposición, un profesor de la audiencia le hizo una pregunta. El chofer no tenía ni idea de cuál podía ser la respuesta, sin embargo tuvo una chispa de inspiración y le contestó:
"Mi querido profesor, me extraña que usted me haga esta pregunta. Lo que usted quiere saber, en realidad lo sabe cualquier persona. Es más, mi chofer aquí presente se lo explicará."

Y es que al acabar mis seminarios, los verdaderos sabios, los que tienen día a día que aplicar los conocimientos a la realidad empresarial, siguen siendo los alumnos/trabajadores de la empresa. Y el día a día, en ocasiones, es muy duro…

P.D. Un novato no es alguien que empieza, sino alguien que nunca sabe cómo empezar.  Aunque lleve veinte años ejerciendo la profesión

 

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