Buscando en la mediocridad

Haga una prueba. Si su hijo saca un 10 en literatura, varios 6 en otras asignaturas y un 4 en matemáticas, estoy seguro que nuestros ojos y preocupaciones van directamente al 4, a pensar que hay que subir los 6, y ya apenas queda tiempo para la alegría del 10.

Es más, si tenemos posibilidades económicas, las opciones de contratar a un profesor particular de matemáticas para nuestro hijo son de un 95%. ¿Qué conseguimos con eso? Educar en las debilidades, en aquello en lo que nunca vamos a destacar porque no tenemos talento para ello. Pensemos al contrario. Si nuestro hijo ha sido capaz de sacar un 10 en literatura con sus propios medios, si tiene el talento para haber sido excelente sin ayuda externa, ¿no sería más lógico ponerle un profesor particular en literatura? ¿No se lo merece?

Nadie es un genio de todo, nadie es bueno en todo. Nos empeñamos en educar en las debilidades en lugar de focalizar nuestras potencialidades. Conozco gente que lleva 30 años estudiando inglés con el mismo resultado práctico de cuando tenía 18 años. Qué hubiera sido de la humanidad si los padres de Mozart se hubieran empeñado en que el niño dejara la música y se centrara en la biología que había suspendido, o si Einstein hubiera tenido que sufrir clases particulares de gimnasia porque no llegaba al 5 en lugar de seguir potenciando las matemáticas. El sistema educacional de hoy en día  mata al creativo y a la creatividad (y por extensión a los sueños y al talento). Los niños salen mucho menos pasionales al acabar la primaria que al empezarla, y nadie va a ser mejor persona ni va a llegar más lejos por saberse de memoria la lista de los afluentes del Segura. Va siendo hora de decir “no” a la cultura del promedio. La educación no es meter información a los alumnos, es extraer las potencialidades de los mismos. Y no es que se sepan todas las respuestas, es que les formemos para que sepan hacerse preguntas.

Estamos obsesionados por potenciar el coeficiente intelectual (lo cual me parece bien), pero olvidándonos del coeficiente emocional. Y la inmensa mayoría de las decisiones de nuestra vida se toman en base a nuestras emociones, no de nuestra inteligencia.

Hay 3 derechos fundamentales de todo ser humano. La prosperidad (todos nacemos con las mismas posibilidades, no con las mismas oportunidades), la paz (a nadie le dan clases de perdón, de humildad, de generosidad,…) y la felicidad (pero no nos enseñan a ser felices. Tenemos casi todos los remedios para los males del cuerpo cuando ya se han causado pero ninguna formación en ser feliz).

A su vez estamos compuestos de aspectos biológicos (necesitamos alimentarnos), sicológicos (tenemos alma que es la suma de la inteligencia y la voluntad) y espirituales (buscamos algo superior a nosotros mismos)

Por tanto, la educación por la que tenemos que luchar es la que nos enseñe desde la biología a ser productivos, nos desvele las emociones desde nuestro aspecto sicológico y las creencias para ser feliz desde nuestra rama espiritual.

Porque luego crecemos y, aplicado al mundo laboral ¿Cuánta gente es feliz en su puesto de trabajo? ¿Cuánta gente está de verdad dónde aspiraba a trabajar cuando acabó sus estudios?

P.D. Leopoldo Abadía contó una anécdota muy buena en una de sus conferencias...estaba dando una charla y una señora la preguntó apesadumbrada: "¿Pero qué clase de mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?" Él fue a responder pero una mujer que estaba al lado con sus dos hijos le dijo "No, haga usted bien la pregunta... ¿Qué clase de hijos le vamos a dejar a nuestro mundo?"

 

Escribir comentario

Comentarios: 0