Sonreir es marketing Low Cost

Desde hace ya años, estamos instalados en una sociedad light. Todo lo queremos al momento y sin esfuerzo. Cómprese una máquina que le acelere la desintegración de las grasas corporales en lugar de hacer ejercicio, escuche en su iphone mientras duerme clases magistrales de inglés que se retengan en su mente en vez de estudiar y practicar el idioma de Shakespeare,… Obviamente conseguimos resultados absurdos. Y fíjese bien el lector que he dicho esfuerzo, no sacrificio. Uno se sacrifica por aquello que le cuesta y no le gusta, uno se esfuerza por lo que debe hacer con pasión para obtener los resultados esperados. Dígale a un alpinista a punto de alcanzar la cima que deje de hacerlo. Para él sería un sacrificio, el esfuerzo es seguir hasta la misma para poder coronarla. O a esa mujer que tantos años ha esperado tener un hijo que aborte, sacrificio éste que no admitirá y esfuerzo final que tendrá que consumar para ver nacer a su ansiado hijo. Y eso ha llevado a que vivamos en un mundo en que hemos sustituido la cultura del esfuerzo por la de la falta del compromiso. Hemos cambiado las preguntas de siempre (de dónde venimos, quienes somos, a dónde vamos) por otras más deshumanizadas (dónde has nacido, cuanto tienes/ganas, a dónde vamos (a comer).

Todo ello buscando el hedonismo, cuando el placer es la felicidad de sólo una parte del cuerpo.

Y trasladando esta filosofía al mundo del marketing, si tuviéramos que analizar las variables en las que se mueve nuestro mercado, las podríamos dividir en racionales y emocionales. Dentro de las racionales, para lograr una diferenciación respecto a nuestra competencia, lo tendríamos difícil.

Por un lado está el producto (ya apenas hay monopolios o productos exclusivos), el proceso (si encuentra un novedoso medio de llegar al cliente tendrá éxito pero su competencia le copiará rápido), las garantías (que es una gran fortaleza pero de vida corta por lo fácil que le resultará a la competencia copiar su idea original), la accesibilidad ( todos estamos ya obligados a que nuestro cliente pueda acceder a nosotros por cualquier medio) y el precio (centrar la estrategia en el precio es hoy un craso error)

Por otro lado están las variables emocionales. Entre ellas destacamos la marca (que indudablemente es un factor claramente diferencial pero muy caro de conseguir y afianzar) y la actitud (sin duda es la que genera más confianza del cliente, no cuesta tanto dinero como crear una marca y es la más difícil de copiar por la competencia ya que depende de la persona).

Y dentro de la actitud, la atención, la forma de ser y por tanto, la sonrisa.

Sonreír es gratis. Es el mejor y más barato marketing que podemos practicar para obtener resultados garantizados. Un viejo aforismo árabe dice que quien no sepa sonreír que no abra una tienda. Sonreír es la mejor forma de contribuir a cambiar el mundo. Conviene sonreír  sin esperar a ser dichoso, no vaya ser que la muerte nos sorprenda sin haber reído. Y la risa es, haga la prueba, contagiosa.

En una de sus maravillosas conferencias, el maestro M.A. Cornejo nos aconsejaba lo siguiente respecto  al acto de sonreír:

Sonríe al despertar, te dispondrá a tener un día de éxito. Sonríe al saludar, les darás alegría a los demás. Sonríe al trabajar, disfrutarás tus responsabilidades. Sonríe al ordenar, y tu gente se dejará conducir más fácilmente. Sonríe al servir, enriquecerás todo lo que haces por los demás. Sonríe al preguntar, esto te facilitará las respuestas. Sonríe al hablar, harás más grata tu presencia. Sonríe y embellecerás tu rostro, será una señal para atraer la atención de aquellos a quienes amas. Y si ante la adversidad te atreves a esbozar una sonrisa, tu espíritu se ennoblecerá. Recuerda siempre que para dar rienda suelta a tu alegría la expresión más sublime de tu alma será tu sonrisa.

P.D. Para que siempre recuerde la diferencia entre estar comprometido y estar involucrado, haga lo siguiente: la próxima que vaya a un restaurante pida un plato de jamón con huevos fritos. Para comer el jamón, al cerdo no le ha quedado otro remedio que dar la vida por nosotros. Eso es estar comprometido. Y cuando vaya a dar buena cuenta de los huevos, acuérdese de la gallina. Simplemente puso los huevos y… se fue. Esa estaba sólo involucrada. Esa es la diferencia. Las que sean madres habrán comprendido, cuando dieron a luz, quien estaba en verdad comprometida, ella o su marido. Es broma. Sonría (por favor)

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