Es tiempo de Optimistas

Es frase acuñada por todos el “querer realizarnos”. Realizar viene de realidad. Y cada uno tenemos de manera original nuestra propia realidad. Es uno de los factores que nos distinguen de los animales. No conozco muchas hormigas que quieran realizarse o que piensen en la trascendencia o sentido de su vida o que teniendo otro trabajo serían más felices. Así pues, todos tenemos nuestro derecho y obligación de buscar nuestra plenitud basándonos en las aspiraciones, sueños y deseos personales. Y esos son únicos. De ahí que las profesiones  o trabajos no den en común la “realización personal”, sino que ésta dependa de que cada uno haya encontrado la realidad que buscaba y quería lograr. Y por ello, a vidas iguales hay felicidades distintas. Pero hay un factor determinante para lograrlo. Tener la voluntad y la fuerza de luchar para conseguirlo.

Sirva esta introducción para explicar el optimismo como un valor moral del ser humano. Optimista no es el inconsciente que no se da cuenta de lo que pasa en el mundo y siempre anda “feliz”. El optimismo es un estado natural. El pesimismo, su peor enemigo,  es adquirido. Nacemos optimistas y adquirimos pesimismo. Mire y admire a un niño pequeño. Se despierta, come, juega, habla… lleno de optimismo. No se plantea que las cosas le vayan a salir mal. Es después de su trato con los adultos cuando se convence de que hay todo un nuevo estado, adquirido, de probabilidades de que su vida no vaya a ser tan ideal como pensaba. Necesitamos regresar al niño pasional que llevamos dentro.

Observe lo siguiente:

OP-TIMISMO. El prefijo OP deriva del latín que significa “poder”. Es decir, poder sobre “timismo”. Tienes el poder de decidir sobre tu vida.

PE-SIMISMO. PE deriva del griego que significa “pedón”, del suelo. Nos encontramos en el estado más bajo físico y moral, en nuestro suelo, en el suelo de “simismo”.

Es por tanto una discapacidad adquirida. Compramos el negativismo. Sin embargo los pesimistas tienen una frase perenne en la boca: “Sé realista”, que para ellos equivale a decir “no se puede, olvídate de la idea”. Como ya hemos visto, craso error.

Optimista es cualquier persona que piense que deba ser mejor. Son los que aprender a ser felices con lo que NO tienen, no con lo que tienen. Vean unos juegos paraolímpicos y verán la demostración de optimismo, fuerza y voluntad que hay allí congregada.

Y haga una cosa. Piense en sí mismo. Piense en que sólo en usted radica la clave del éxito, que sólo dedicándose tiempo podrá dar tiempo de valor a los demás, que sólo con su formación podrá entrenar a su equipo, que sólo con su felicidad podrá hacer felices a sus seres queridos. Sea egoísta. No, no es malo. Lo otro, la adoración y veneración a uno mismo se llama egolatría, no egoísmo.

Y tenga fe. Sinónimo de confianza. Y abandone la esperanza. La esperanza radica en la espera. Y no es tiempo de verlas venir. Es tiempo de optimistas. El optimismo te hace invencible. Todo el poder está en ti. Piense. Nunca habrá conocido a un líder que no haya sido optimista, que no haya trasmitido optimismo a sus seguidores. Y no me refiero sólo a esos líderes de excelencia de todos conocidos. Piense en ese ser querido del cual todavía se acuerda hoy que le impregnó de amor, de confianza, de fe, de seguridad,… ¿Era optimista?

P.D. Ánimo. Con el título que he puesto a este artículo, sólo he querido demostrarle una cosa. Si lo ha leído hasta el final, enhorabuena¡¡¡. Usted es un optimista. En caso contrario, ni lo hubiera abierto. Y más ánimo aún. Nuestros políticos, dirigentes, sindicatos… están viendo las posibles soluciones para salir de esta crisis. Es nuestra clase dirigente. Es nuestra esperanza.  ¿Y qué les decía antes? Que uno tiene que aprender a ser feliz con lo que NO tiene.

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