La biografía de tu vida

Cada día estoy más convencido que muchas personas han nacido y vivido sin saber para qué existieron. Al igual que antes la “mili” era obligatoria, soy partidario de implementar sin excepciones  la “Biografía de tu vida”. Sí, que un funcionario (un puesto de trabajo más) de no sé que Ministerio, sin previo aviso fuera un día a tu casa y te obligara a escribir en qué has invertido tu vida. De esa forma quizá nos avergonzaríamos de haberla malgastado durante tantos años sin haber contribuido a aportar nada a nuestro mundo.

La vocación natural de todo ser humano debería ser (y es) triunfar en su misión personal y alcanzar la realización de sus sueños. La felicidad no es sino una consecuencia natural de conseguir aquello que queremos realizar. Y sólo cultivando nuestras fortalezas y poniéndolas en práctica lo lograremos. Como ya he expresado en este foro, el problema empieza desde nuestra niñez cuando en nombre de la cultura del promedio intentan ya desde los colegios que seamos capaces de alcanzar un 5 en todo y un 10 en nada. Buscamos profesores particulares para nuestros hijos para superar el suspenso en aquella asignatura en la que nunca triunfaremos, olvidando que hemos de focalizar nuestras potencialidades en las tareas en las que por nuestro talento natural hemos sido capaces de sobresalir de la media. No existe el ser humano realizado, existe el ser humano de realizaciones, aquel que es capaz de legar su conocimiento a la sociedad. Nadie es o puede ser un genio en todo.

Y la primera responsabilidad de todo educador (maestro, tutor, padre, madre…) es educar en el valor de la autoestima, de la confianza en uno mismo. Decía el maestro Ortega “las ideas están, en las creencias estamos”. Las creencias son certezas que hemos de cuestionarnos. Cuantas veces los propios educadores se encargan de transmitir a sus pupilos que “no valen” para determinadas cuestiones, bajándoles así desde su niñez el valor de su autoestima. Esas creencias son las que alteran nuestras percepciones porque cambian las emociones que sentimos de nuestro potencial. Y según la atención que vamos poniendo en lo que dicen de nosotros, vamos canalizándola como una autopista que llega a nuestro cerebro con los mensajes negativos hasta hacernos creer que “no podemos”. Si atiendes a lo negativo, mal nos irá.

Todos los seres humanos tenemos un cerebro con un potencial incalculable, extraordinario. Eso no se puede negar. Pero sí podemos renunciar a utilizarlo. Cuántas horas de gimnasio hacen falta para tener un cuerpo modelado, a sabiendas que la propia naturaleza se encargará de deteriorarlo. ¿Y cuantas horas dedicamos a ser arquitectos de nuestro cerebro? La riqueza material no es sino tener en abundancia cosas valiosas. La riqueza mental es hacer acopio de virtudes de excelencia. Este aprendizaje continuo es el que hará de nosotros un crecimiento permanente. Al dejar de aprender, dejamos de crecer y por tanto comenzamos a envejecer. Si quiere ganar más, como le digo a mis alumnos que van “obligados” a la formación empresarial, enriquece tu mente, incrementa el capital intelectual y obtendrás mayor riqueza.

Estamos en tiempos de aprender. Estamos pasando del capitalismo al talentismo. Y el talento es un bien aún más escaso que el capital. En los próximos años nos veremos sometidos al imperio del conocimiento. En un solo día de nuestra era se produce más información que en toda la Edad Media. El valor y la diferencia entre los triunfadores, aquellos que puedan hacer una biografía de su vida, y los mediocres, los que no tengan nada que contar ni aportar en el paso por esta tierra, está en lo que contengan sus mentes. Crea en usted mismo. Si lo hacemos, nos exigiremos mayores rendimientos. Mayor calidad de ser y estar en este mundo. Y los siguientes que vengan, se lo agradecerán. Será su legado. Y se sentirán orgullosos de leer su biografía.

P.D. Una persona va a una entrevista de trabajo. Lo primero que le pregunta al responsable de recursos humanos es cuánto le van a pagar.

-700 €, responde, pero dentro de dos años puede ganar 2.000 €.

-Bien, responde el candidato, pues entonces volveré dentro de dos años.

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