Prefiero el paraíso

Soy padre de familia y empresario. Eso significa, como bien sabrán, tener personas a mi cargo con la responsabilidad que conlleva. Así lo elegí, por tanto no estamos hablando de mi idealismo  sino de mi libre elección.

Nadie me obligó a ser marido, ni padre ni empresario. Por tanto no es idealismo ni que mi familia viva de la mejor forma posible ni que mis empleados tengan y gocen de las mejores condiciones laborales. Es mi responsabilidad. El idealismo es aquella misión que empieza donde acaba mi responsabilidad. Por ejemplo, aquellas personas que se dedican a que este mundo sea mejor y más justo entregando su vida por dicha idea. (No tengo la culpa de que exista el hambre y la miseria en el mundo, no es culpa mía, pero entrego mi vida por ello). Eso sí sería idealismo.

Y viene la introducción al caso porque siempre me ha gustado indagar en la vida de aquellos que dieron su vida por un ideal, ya que mi admiración es máxima. Tuve el placer de ver en fechas recientes la vida de San Felipe Neri plasmada en la película “Prefiero el Paraíso “.

Soy un estudioso de las habilidades directivas dentro de las empresas, del camino hacia la felicidad, del sentido de la actitud positiva en nuestras vidas… en definitiva de encontrar el medio  que nos haga progresar en nuestras relaciones profesionales y personales para con los nuestros.

Y no encontré, en todos mis años de estudios, en ningún libro, tratado, conferencia o seminario,  mejor ejemplo que el del Apóstol de Roma. Válido para quien quiera dirigir personas, educar a sus hijos, encontrar respuestas a los interrogantes inexplicables que nos pone la vida,  a encontrar la alegría y la esperanza en cualquier acto de la vida por cotidiano que parezca.

Me centraré simplemente en tres aspectos aunque como digo son innumerables las conclusiones que pueden sacarse en aras a fomentar una más justa y digna educación laboral y familiar.

En primer lugar, su actitud provoca en nosotros el valor de nuestra propia persona, de nuestra vida cotidiana, en hacernos partícipes de la maravillosa ocasión que tenemos de vivir nuestra propia existencia. Si habláramos desde el punto de vista empresarial, diríamos que es el compendio de un buen director. Si fuera desde el lado personal, un buen padre. Como resumen, prefiero decir que su paternidad hace que nos sintamos protegidos por quien nos guía por el buen camino. Y de esa paternidad hace que se consiga una fraternidad con nuestros semejantes, con nuestros compañeros de trabajo o familiares, con el mundo que vivimos a nuestro alrededor y del cual no podemos pasar como simples espectadores sino que debemos ser protagonistas de nuestras vidas, obras y palabras.

En segundo lugar, y como consecuencia del punto anterior, esa paternidad y fraternidad hace posible un espacio de relaciones humanas donde lo esencial está dado sin condiciones previas. En definitiva, un espacio de libertad donde las reglas son tan simples como poder huir cuando se quiera, y permanecer por que se quiera. Una libertad que se expresa en una vida no reglada de forma estricta y encorsetada, sino en un camino de mejora continua que fomenta el mérito y el crecimiento personal.  Porque sin esa libertad, empresarial, familiar, el hijo, el hermano, el trabajador dejan de ser amor y revierten en la frustración de la egolatría. Nos invita a fijar en la inteligencia, en la voluntad y en el afecto nuestro propio destino.

Y todo lo anterior viviendo con una profunda alegría. Aun con todos los sufrimientos que la vida nos depara, en el espíritu de sus seguidores está siempre una profunda y latente alegría. Felipe Neri fue el Santo del buen humor.

Y ejemplo también de humildad. Más de una vez intentó el Papa nombrarlo Cardenal. Felipe lo rechazó siempre, pero sin despreciar ni ofender. Cuando se lo comunicaron, tomó su bonete viejo, lo lanzó al aire haciendo piruetas, y exclamó riendo: ¡Prefiero el Paraíso¡

Lo dicho. Lean, estudien, profundicen sobre las habilidades directivas para ser mejor empresario, jefe o padre. Pero háganme caso. Si quieren aprender y ser felices durante tres horas, yo “Prefiero el Paraíso”.  

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