Desde la ambición o desde la codicia

Imagínese a un malabarista lanzando sus bolas al aire. Siga con su proceso creativo y piense que unas sean de goma y otras de cristal. Y acabe de dar rienda suelta a su mente viendo caer todas al suelo. Sin duda, las de goma rebotarán y tendrá ocasión de volver a cogerlas. Las de cristal, simplemente se romperán al chocar contra el suelo. Ahora piense que las pelotas de goma son nuestros fracasos técnicos. Siempre hay opción, antes o después, acudiendo al desarrollo de nuestro talento y formación, de recuperarlas y hacerlas saltar y recobrar vida. Las de cristal,…no. Esos son nuestros fracasos emocionales, nuestras tragedias y desgracias. Una desgracia es un hecho en sí irreversible. Por eso, nadie en su interior fracasa por golpes técnicos, sino emocionales. No es lo mismo quedarse en el paro con una familia que te odie que con una que te ame y apoye.

Ahora le recomiendo que piense en Amancio Ortega y en la Madre Teresa de Calcuta. Personas que ambas lograron el éxito en sus proyectos, ¿cierto?  ¿Y qué tiene que ver el éxito de uno y otro? Simplemente un aspecto les une. Ambos hicieron realidad sus sueños. Sueños radicalmente distintos en la configuración  de sus proyectos, pero válidos para sentirse satisfechos con su misión personal en el mundo. Esa es la maravilla de soñar y de lograr el éxito. Depende sólo de usted. Es libre para elegir a qué quiere dedicar su vida, sus objetivos y el precio que ha de pagar por ello.

Antecedo estas dos reflexiones a lo que hoy me viene al caso. Mis amigos emprendedores que con todo el ánimo y fuerza de quien quiere poner en marcha un nuevo e ilusionante proyecto  me dicen y hablan de si creo que harán realidad sus sueños y todo lo que tienen que dejar en el camino para conseguirlo.

Y antes de trabajar con ellos en los aspectos técnicos para los cuales me visitan, les pido que paren, que reflexionen, que visualicen qué es el éxito para ellos, que no lo separen de su vida personal y sus seres queridos,  y que piensen que no hay triunfo profesional tan importante como para acabar embriagado de dinero pero solo y abandonado en tu faceta personal y espiritual.

Ellos me hablan de su valor para comenzar a emprender. Y yo les recalco que es más importante forjarse en las virtudes. El valor como tal es solamente una cualidad, que a veces puedes practicar o no, que no tiene una intención específica o un objetivo específico; la virtud va más allá de ser una cualidad en ti, es una forma de ser, es un valor que está arraigado en ti, y te permite  actuar de la misma manera en cualquier circunstancia, no solamente cuando tú lo consideres necesario o conveniente. El valor es la cualidad que te lleva a realizar grandes cosas, sin miedo ni temor. Y virtud es el hábito del alma de proceder según la ley moral o rectitud que determines.

De ahí que la primera pregunta que les haga sea ¿Quieres emprender y lograr ver cumplidos tus sueños desde la ambición o desde la codicia?

Desde la ambición no tendrás que dejar a nadie por el camino. Y tus seres queridos te apoyarán.

Desde la codicia es muy probable que acabes solo, y no conozco sueño más triste que no poder compartir tus éxitos con nadie.

Y es que alguno se tenía que aplicar la frase que tan certeramente decía el maestro Miguel de Unamuno: “Sobra codicia, falta ambición”.

P.D. Un cocodrilito le pregunta a su padre:

-Papá, papá, ¿algún día podré tener mucho dinero?

-Sí, hijo.

-¿Y cuándo papá?

 

-¡Cuando seas billetero!

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