Las miradas de nuestra vida

Uno de los legados que nos dejó la antigua Grecia fue el estudio del comportamiento humano. Trabajaban obsesivamente por conocer cuando un comportamiento era adecuado a las circunstancias de la vida. Y de ahí deriva la Ética. Pero no tal y como la entendemos nosotros. Esa Ética (ethos) podía ser acentuada de forma común o con acento circunflejo. Si era bajo la primera forma significaba acto, la manera de vivir. Si era bajo la segunda, hacía referencia a actitud, la manera de ser.

El acto era considerado adecuado cuando se ajustaba a la ley, por lo que la norma tenía efecto imperante para calificar lo apropiado o injusto de los hechos realizados.

La actitud hacía referencia a que las cosas no son como las vemos sino que las vemos como son.

Por ello, la actitud sería lo que manejara todo nuestro SER.

Y para saber cuándo las actitudes eran correctas tenían grabado a fuego una máxima que debía imperar en todos los ciudadanos en cuanto a su forma de actuar. “Ama a las personas y usa las cosas”.

De ese modo, se comenzaba a apreciar en nuestras actitudes cómo mirábamos a la vida. Lo podíamos hacer desde un punto de vista cuantitativo o cualitativo.

Si era cuantitativa nuestra mirada, atendiendo a que lo importante era la cantidad, lo que prima es el interés, con el efecto de buscar nuestro propio beneficio. Si era cualitativa, lo que se buscaría serían los valores, con el objetivo de conseguir el bien común.

Y aquí es donde estaba y está la clave de todo. ¿es malo desear y conseguir tener cantidad?. No, en absoluto, siempre y cuando la cantidad siempre esté SUPEDITADA a la calidad. Ya sea en las personas, empresas, municipios, estados, … si es la cantidad lo que prima siempre nos llevará a la destrucción (no hacen falta ejemplos). Si es la calidad lo que anteponemos viviremos una etapa y una vida de crecimiento. Decía Ghandi que la paz no se hereda en los cromosomas. Es nuestra obligación, generación a generación, trabajar para dejar un legado a los que nos siguen no solo de paz, sino de generosidad, esfuerzo, entrega, honradez, servicio … Eso no se hereda ni se transmite a no ser que lo enseñemos desde el amor y la constancia.

Si la mirada de nuestra vida es cuantitativa y está basada en los actos, actuaremos exclusivamente para cumplir la norma que nos hayan impuesto, la ley que prevalezca, simplemente con la exigencia de su cumplimiento y para que no haya castigo hacia nosotros.

Si por el contrario nuestra mirada es cualitativa y está basada en las actitudes tendremos un compromiso de actuación basado en los valores que impregnen nuestra vida, y que encarnándose en nuestros objetivos los convirtamos en virtudes.

Desde una mirada cuantitativa no tendremos sino ambición de conseguir resultados. Y la ambición, ir detrás de aquello que se presenta ante nuestros ojos, provoca siempre ansiedad, y esa ansiedad nos lleva a los excesos, pues exclusivamente queremos conseguir cosas u objetos y no tendremos en nuestra vida otro fin que ganar o perder.

 Si aplicamos la mirada cualitativa de la vida lo que tendremos serán aspiraciones, que como la propia palabra indica están dentro de nuestro ser, y buscaremos la excelencia en nuestras actuaciones, creando ámbitos de encuentro y con la única finalidad de aprender en la vida.

Esos ámbitos de encuentro, en nuestras familias, organizaciones, empresas y países serán los que generen la confianza y credibilidad necesaria para que los que estén a nuestro lado nos sigan sabiendo que pueden crecer con nosotros. Gana más quien sirve mejor, y solo así podremos pasar de jefes a líderes de actuación.

Es malo entonces tener cosas? Es malo tener dinero?. En absoluto. Cuando el tener esté en función del ser, cuando aprendamos a tener habiendo aprendido antes a ser, todo crecimiento material será más riqueza sabiendo aplicarlo. La destrucción radica en quien piensa que el tener se antepone al ser. Por eso la mirada cuantitativa de la vida no busca sino el éxito mientras que la cualitativa persigue un ideal de vida.

En definitiva, enseñamos lo que sabemos pero contagiamos lo que vivimos.

Y , como última consideración, pensemos que la mirada cuantitativa de la vida solo busca hechos, mientras que la cualitativa persigue acontecimientos. Piense en una cena con adolescentes. La calidad de la comida es importante pero solo logrará mantenerlos sentados en la mesa una vez acabados los enseres con una buena conversación, pasando de los hechos (la cena) a los acontecimientos (la conversación y la magia de compartir la intimidad de los comensales). Es igual que vivir en una casa o en un hogar ¿Qué diferencia hay entre una casa y un hogar? La CASA es el lugar donde la gente convive, como en un hotel. El HOGAR es el lugar donde hay una convivencia, donde se comparten las vivencias. Por tanto hay que tener un hogar donde compartir, porque compartir es el mejor alimento para la felicidad. Piense. ¿Dónde vive usted?

 

P.D. Bien es sabida mi afición a los colores rojiblancos del Atleti. Famoso fue el anuncio de … Papá, ¿por qué somos del Atleti?. Los enigmas los resuelve el hombre y por mi parte lo supe desde el primer día. Mi padre estaba siempre de viaje. Para nosotros los domingos eran sagrados porque le veíamos y … jugaba el Atleti. Y los 4 hermanos íbamos a ir con él. El partido (el hecho) comenzaba mucho antes que el árbitro pitara el inicio del mismo. Todo ese domingo estaba cargado de acontecimientos. Hablábamos con él, comentábamos la previa, opinábamos sobre lo que iba a pasar, comíamos toda la familia juntos riendo y compartiendo intimidades,  íbamos felices hasta el Calderón hablando de lo que había pasado en la semana, y empezaba el partido … y acababa. Y a la vuelta, nuestra madre esperando nuestro regreso, jamás nos preguntó …  ¿cómo quedaron?, sino ¿cómo lo pasaron?. Esa es la diferencia entre vivir un hecho y un acontecimiento. Esa es la diferencia entre vivir para ganar o perder o vivir para aprender.

Escribir comentario

Comentarios: 0