Apueste por la buena gente

Cuenta Edurne Pasaban en sus conferencias cómo estuvo a un paso de la muerte en unas de sus ascensiones a sus catorce ocho miles. Fue en el descenso donde se complicaron inesperadamente las cosas, entre el campo 4 y el campo base, a un suspiro de la meta. A 7.500 metros de altitud, el cuerpo de Edurne dijo basta. "Quiero morir en el Kangchenjunga", pronunció. No la dejaron sus compañeros de expedición, que se la echaron a la espalda 200 metros, cuando Edurne quería quedarse allí. Si su equipo hubiera estado compuesto sólo por los mejores alpinistas, hoy no podría contarlo, ya que desde el aspecto profesional era prácticamente imposible rescatarla con vida. Pero aparte de buenos profesionales, quizá no lo mejores, eran ante todo buena gente. Y antepusieron su actitud a sus conocimientos y habilidades profesionales.

La pasada semana, un matrimonio de empresarios solicitaba mis servicios para algo que sinceramente me emocionó. Iban a incorporar a un nuevo miembro en su organización, habían realizado las entrevistas oportunas de valoración profesional del candidato y todo cuadraba. Pero antes de tomar la decisión final me llamaron. “Pepe, por favor, podrías hablar tú con él antes de decidir? Queremos saber si te parece que cumple el requisito más importante de todos. Que sea buena gente”.

No me canso de repetirlo. Contratamos al personal basándonos en sus habilidades técnicas pero luego las despedimos porque no saben poner en práctica las habilidades emocionales.

Cuando hay que dar la talla en la empresa, es cuando afloran los valores de las personas que componen nuestra organización. Necesitamos urgentemente recuperar los valores. Un valor es todo aquello que a mí como ser humano me perfecciona. Los que nos dan vida, referencias para actuar, lo que nos orienta como un faro, los que nos indican el camino a tomar. Y cuando un valor se encarna en nosotros, se convierte en una virtud. Y la llevamos ya permanentemente con nosotros hagamos lo que hagamos.

Piense, a modo de ejemplo, que el triunfo de su empresa depende en gran medida de que su personal  tenga adheridos a su cuerpo valores tales como:

Entusiasmo (del griego “entheos”  Dios dentro de mi), nada que ver con la euforia (estar fuera de mi). Uno está dentro, otro está fuera. Uno permanece, otro es pasajero.  El entusiasmo es lo que provoca la sensación permanente de alegría, que es la perfección interior de que algo se está expandiendo, y que sucede  siempre a la generosidad, que no es sino el pegamento que une a las personas, lo que de verdad hace que hagamos las cosas sin pensar en el beneficio posterior que podamos recibir.

Reflexión, en un mundo que va muy acelerado necesitamos un viaje interior, estar dispuesto a hacer un trabajo interior para transformar nuestra forma de ser, para que no intentemos cambiar a los demás, sino empezar el cambio en nosotros mismos. Ahí empieza el cambio. Vamos tremendamente acelerados sin pensar si lo que hacemos hoy nos acerca al sitio donde queremos estar mañana.

Amistad, aquello que hace una persona jamás se sienta sola, es sentir que cuando te sientes débil alguien te puede ayudar. Es la cualidad del encuentro, nadie puede  crecer aisladamente, centrado en sí mismo. Y en una empresa, en la que se trabaja en equipo, todos necesitamos compartir para crecer.

Compasión (conectar con la pasión, el sufrimiento de un ser humano), no es estar de acuerdo con sus actuaciones sino entender por qué lo hace. Es la base de la empatía. Evita que reacciones y permite que aceptemos y comprendamos a los demás para poder ayudar.

Compromiso, nada que ver con la implicación (gente que vive por obligación), ni con la lealtad (que es a los demás, al ajeno). El compromiso siempre es y sólo a uno mismo (es sentirse responsable, desafiarse a uno mismo sacando su mejor versión). Y cuando uno se siente comprometido, cuando las cosas las hace no por los demás sino por sí mismo, por su crecimiento personal, es cuando hace crecer todo lo que tiene a su lado, incluyendo a su empresa. Los que logran resultados, no son los involucrados, ni los leales, sino los comprometidos

Fe, creer sin tener evidencias. Esas montañas que tenemos que mover, y que solo lo haremos si nos ponemos en marcha. Y las montañas más grandes no son las que vemos fuera sino las que tenemos dentro de nosotros mismos (nuestra falta de autoestima, de reconocimiento, de valoración, de capacidades,…) Solo saldrá lo que tienes dentro si de verdad crees y te pones en marcha apostando por ti.

Y por supuesto, el más carente de los valores humanos y por ende empresariales. Humildad. Es el valor clave. Yo me pongo en el papel del otro y me pongo en disposición de aprender de cualquier ser humano. Ayuda a integrar el saber colectivo para un fin superior y que merezca la pena. Ya decía Santo Tomas: “Todos los pecados del ser humano proceden de un único origen, la soberbia.”.

Incorpore estos valores en su equipo. En su empresa. En su familia. Nos irá mejor.

 

Apueste por la buena gente.

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Comentarios: 4
  • #1

    Alfredo Muñoz (martes, 23 junio 2015 12:10)

    Siempre certero, siempre "de verdad". Un abrazo, maestro

  • #2

    Maite (martes, 23 junio 2015 15:56)

    No puedo más que aplaudir a José Pomares por toda esta sabiduría que es para mí más que formación en la empresa, como él dice, hay que aplicarlo en la vida, al trabajo, a la familia.
    Gracias!

  • #3

    Diego (jueves, 25 junio 2015 17:56)

    ¿Era buena gente?

  • #4

    Lilly Sterling (viernes, 03 febrero 2017 09:14)


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