No esperaba nada de ti, esperaba todo contigo

Suena a frase de amante despechado, verdad? Sí, puede ser. Pero no es esa la finalidad de esta reflexión. A la hora de conjugar un verbo empezamos con la primera persona del singular. Yo. Y eso vamos a hacer hoy. No busques fuera, hazlo en tu interior. Cuenta una leyenda que en una ocasión los dioses estaban tan ofuscados con los humanos, ya que éstos pretendían ser felices sin contar con ellos, que decidieron en asamblea esconder la felicidad. Y debatieron durante horas donde hacerlo. En lo alto de una montaña, en el fondo del mar, en las orillas de los ríos… Pero los dioses sabían que los humanos acabaríamos encontrando tan preciado tesoro. Así que al final eligieron esconder la felicidad en un lugar donde nos fuera casi imposible poder encontrarlo. Ya se lo imaginan, cierto? Efectivamente, en nuestro interior. Sabían que los humanos intentarían buscar siempre fuera de su cuerpo, de su ser, de su yo. Y por eso aún nos cuesta tanto encontrar ese bien tan buscado.

Y es que una de las premisas para encontrar la felicidad es amarse a sí mismo. Y esto no tiene nada que ver con el egoísmo, egocentrismo o egolatría. El egoísta vive por y para sí mismo, para su beneficio y no le interesa lo que pasa fuera, solo piensa en todo aquello cuanto puede obtener con el mínimo esfuerzo y sin importar si hace daño a otra persona.

El amor a uno mismo es aprender a desarrollarse a sí mismo

Eso nadie nos lo enseña, ni existen escuelas donde nos digan como querernos... El que se ama a sí mismo busca su desarrollo pleno, potenciar los dones que uno tiene y que Dios nos otorgó. Eso es una labor titánica, porque supone el ingente esfuerzo por hacer aflorar y desarrollar sus talentos, es el continuo crecimiento interior, vencer y superar tanto sus debilidades como sus limitaciones. Lo cómodo es vivir instalado en la queja.

Es el compromiso de uno a ser mejor. Cuando una persona es mejor, los otros se alimentan de ese bien. El bien, el crecimiento personal, nos alimenta y retroalimenta a los demás. Lo que hacemos o no hacemos también lo dejamos de hacer con los demás. Cada vez que hacemos algo con empeño y dedicación nos hace sentir bien, nos hace sentir felicidad y por tanto aportamos felicidad.

Aquellas personas que nos nutren nos hacen crecer y hacer crecer a los demás conlleva sentirnos felices. Y eso es un gozo. Por tanto, un gozo es hacer bien por nosotros y por los demás, en los negocios, en las relaciones, en el plano afectivo….

Esto no tiene nada que ver con lo externo, es decir, con la competencia. Ésta crea inquietud, ansiedad y desasosiego, mientras que aquella persona que goza comparte, juega y aprende… no se trata de hacer mucho, sino de hacerlo bien.

Solo cuando estás bien contigo mismo puedes estar bien con los demás. Solo cuando manejas bien tu soledad, puedes manejar bien una relación, ya sea familiar o profesional.

-Necesitas valorarte para valorar.

-Necesitas quererte para querer.

-Necesitas respetarte para respetar.

-Necesitas aceptarte para aceptar.

Ya que nadie da lo que no tienes dentro de ti. Ninguna relación te dará la paz que tú mismo no construyas en tu interior.

Disfrutemos de la vida, del aquí y del ahora, sin reclamaciones ni deudas, porque cuando uno tiene éxito o tiene dinero puede aflorar lo mejor y lo peor de nosotros. El secreto depende de lo que yo hice conmigo mismo. Yo soy el artífice, el arquitecto, el hacedor de mi propio destino. Si al final del camino extraje lo mejor o lo peor de la vida solo depende de mí.

Pues el tener, simplemente tener cosas, no me hará feliz. Lo que me hace feliz es el ser, el ayudarnos los unos a los otros, el servicio a los demás desde la intimidad, desde el crecimiento personal, ese es el mayor proyecto alcanzado.

No esperaba nada de ti. Esperaba todo contigo. Pero dilo mirándote a un espejo. Y serás tu.

Me vienen a la cabeza las palabras que Walt Disney escribió el día que le echaron de su primer trabajo. Y decidió triunfar…

Y así, después de esperar tanto, un día como cualquier otro decidí triunfar.

Decidí no esperar a las oportunidades sino yo mismo buscarlas.

Decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución.

Decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis.

Decidí ver cada noche como un misterio a resolver.

Decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.

Aquel día descubrí que mi único rival no eran más que mis propias debilidades, y que en éstas, está la única y mejor forma de superarnos.

Aquel día dejé de temer a perder y empecé a temer a no ganar.

Descubrí que no era yo el mejor y que quizás nunca lo fui, me dejó de importar quién ganara o perdiera.

Ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer.

Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino dejar de subir.

Aprendí que el mejor triunfo que puedo tener, es tener el derecho de llamar a alguien "Amigo".

Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento, "el amor es una filosofía de vida".

Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente.

Aprendí que de nada sirve ser luz si no vas a iluminar el camino de los demás.

Aquel día decidí cambiar tantas cosas.

Aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad, desde aquel día ya no duermo para descansar.

 

Ahora simplemente duermo para soñar.

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