Hora de cambiar el reloj por la brújula

Al concluir cada conferencia que imparto, con frecuencia  me preguntan, ¿de verdad se puede cambiar?

Dicen que en la antigua Grecia, repleta de sabios y filósofos, quisieron hacer una pregunta a uno de ellos que no tuviera respuesta acertada posible. Consistía en tomar a un pajarillo en las manos, cerrarlas y preguntar al sabio… ¿el pájaro está vivo o muerto? Si respondía vivo, se estrujaba en ese momento y ya estaba muerto. Respuesta fallida. Si la respuesta era muerto, se soltaba al pájaro por lo que tampoco había acertado. Dicen que el sabio quedó mirando al inquisidor y le dijo… “la respuesta está en sus manos”. Si quiere que esté vivo o muerto solo dependerá de usted. Lo mismo digo.

Pero si podemos dar alguna clave para empezar a andar por el camino adecuado. Pregúntese si lo que está haciendo hoy le acerca a dónde quiere estar mañana y comenzará a ver claridad en sus actuaciones. Cuanto más claras tenga las cosas, mayor conciencia tendrá y a mayor conciencia, más conocimiento y eso nos llevará a un compromiso en la vida en la búsqueda de la felicidad.

En su vida puede priorizar la cantidad o la calidad. Y comenzará a ver cambios. Eso no significa que sea malo “tener”, pero siempre y cuando la cantidad esté al servicio de la calidad.  Podrá basar la medida del éxito en según tenga o logre o pensar si sabe responder a las preguntas de quién es, para qué está aquí y adónde va, lo que le permitirá actuar según sus convicciones y no sus conveniencias. De usted depende vivir para afuera, y estará siempre con el “es que” o vivir para adentro y se acostumbrará al “hay que”.  Decida preocuparse  de lo externo, y verá siempre la “culpa” en el otro,  o de lo interno y descubrirá el potencial que puede desarrollar. No tener nunca tiempo para nada o invertir el tiempo en usted para crecer y poder nutrir a los demás. Pensar que la vida es un problema a resolver o una oportunidad para crecer. Sentir la felicidad como una ausencia de problemas, y siempre los tendrá porque hasta el ajeno le hará partícipe de los mismos,  o vivir un ideal de vida, y poner en práctica sus valores hasta que se encarnen en usted y se conviertan en virtudes. Pensar que su meta es ganar y no perder o creer que estamos para aprender. Ver al otro como un competidor o como a un compañero de viaje. Vivir siempre con apuro o poner pureza a su vida. Hablar con autoridad o con humanidad. Pensar que la riqueza es ser dueño de cosas o pensar que simplemente somos administradores de todo lo que podamos llegar a tener que siempre será temporal. Como reza un proverbio hindú, solo podrás ser dueño de aquello que no puedas perder en un naufragio.

En este mundo tan frenético en el que vivimos, nuestro medidor de tiempo es el reloj. Siempre mirándolo. ¿Será momento de dejar de mirar hacia fuera y mirar hacia dentro? ¿Será hora de  cambiar el reloj y comenzar a llevar una brújula con nosotros?

P.D. Esta semana nuestros hijos empiezan el colegio. Recemos porque tengan buenos maestros. Se necesitan maestros auténticos, no simples instructores. Instructor es aquel que solamente proporciona información. Maestro es aquel que forja la inteligencia y la voluntad, que hace que surja la obra maestra que existe en cada uno de sus alumnos.
El instructor enseña una técnica y da una instrucción precisa. El Maestro no se limita a enseñar lo que el otro no sabe, sino que hace que surja en el alumno lo que debe llegar a ser.
Si se le teme es simple instructor, si se le ama es un auténtico Maestro.

 

Una última recomendación a mis queridos empresarios y directores de empresa. Cambie “instructor” por “jefe”. Haga lo mismo con “maestro” y “líder”. Lo mismo es.

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