Hubo una epidemia de tristeza en la ciudad

Al acabar  mis conferencias es habitual que alguna persona se me acerque y me pregunte… “¿podría usted hablar con mi mujer/marido/jefe/empleados a ver si cambian?” Y sonrío. Simplemente me permito la licencia de recomendarle… “cambie usted y verá cómo cambia su mundo”. En estas fiestas de Semana Santa he tenido la ocasión de hablar con gente de mi entorno que conoce mi trabajo e insistentemente me han repetido… “Pepe, pero esto que planteas no es nada fácil”.

No es cuestión de fácil o difícil. Lo que ocurre es que al cerebro le cuesta mucho quitarse las creencias. Ya decía el maestro Ortega que las ideas están, en las creencias estamos. Las creencias alteran las percepciones porque cambian las emociones. La atención es el canal de comunicación hacia nuestro cerebro. Si atiendes a lo negativo, te irá mal. Y de ahí el título de mi artículo parafraseando la letra de una canción de Sabina. He podido comprobar que el nivel de alegría es muy escaso. “Ya Pepe, pero ¿y cómo cambiar?”

Nos es fácil saber, ahora que ya poco queda para el verano, que si queremos fortalecer nuestro cuerpo y exhibirlo en la playa la lección la tenemos aprendida. Régimen alimenticio, y a machacar el bíceps en el gimnasio. Pues mire, el cerebro, al igual que el bíceps, es un músculo. Y el tratamiento es el mismo. Disciplina, constancia y esfuerzo. Pero ninguna de esos tres hábitos nos son cómodos ejercitar para nuestro cerebro.

Y ello viene motivado porque pensamos que el crecimiento en los seres humanos (y no humanos) es algo natural y de desarrollo cuantitativo con el paso de los años. Todos crecemos, con naturalidad y sin hacer nada, por el simple paso del tiempo.

Pero hay otra forma de crecer, que es creeSer.

Esta no es natural, depende de mí. No es un crecimiento cuantitativo, sino cualitativo, y debe acompañarle en el camino.

En lo personal, familiar, empresarial y a nivel de comunidad o nación, no hay más crecimiento por la cantidad de sus miembros sino por la calidad del grupo humano que lo conforme. De ahí que la experiencia no es lo que le pasa a una persona.
Es lo que una persona hace con lo que le pasa. No me cuentes qué te pasó, cuéntame lo que hiciste con aquello que te pasó.

Vivir no es acto que ejecutamos, es una actitud que tomamos ante la vida.

A los profesores de mis hijos les repito con insistencia que la educación NO es meter información, es EXTRAER potencialidades. Estamos obsesionados por potenciar el coeficiente intelectual  (es imposible ser un 10 en todo) pero olvidándonos del coeficiente emocional.  Y la inmensa mayoría de las decisiones de nuestra vida se toman en base a nuestras emociones (motivos), no de nuestra inteligencia. Lo importante no es aprobar o suspender el examen, es aprender cómo funciona el juego de la vida.

 

P.D. Un erudito orador daba una conferencia sobre la felicidad ante un numeroso auditorio. En un momento dado contó un chiste y todos se rieron. Al cabo de un rato volvió a contar el mismo chiste y casi nadie sonrió. Contó el chiste una y otra vez. Al final nadie se reía. Y dijo:

- Si no puedes reírte varias veces de una sola cosa... ¿Por qué lloras por lo mismo una y otra vez?

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