Meta un tiburón en su vida

A los japoneses les gusta mucho el pescado fresco, tan fresco que se lo comen crudo. Cuando Japón se hizo grande los pescadores ya no podían faenar en la costa. Tuvieron que salir a alta mar. Pero cuando volvían con los peces dentro de las neveras, los exquisitos consumidores nipones notaban que el sabor del mismo ya no era igual, ya no eran tan fresco por el tiempo transcurrido.

Agudizando su ingenio los pescadores japoneses instalaron piscinas dentro de los barcos con el fin de capturarlos vivos y llevarlos en esas condiciones directos a los puntos de consumo. El problema era que después del primer día los peces dejaban de nadar, y al llegar a puerto los peces no sabían igual, sus músculos habían decrecido y su grasa aumentado. Sabían a viejos.

Y siguieron pensando con creatividad. ¿Qué hicieron? Pusieron un pequeño tiburón dentro de las piscinas. Es cierto que alguno de los peces capturados eran engullidos por el tiburón, … pero los que llegaban vivos lo hacían en mejores condiciones que nunca. Más frescos y en mejor forma, imposible. Cualquiera dejaba de nadar, ¿verdad?

Pues sí. La gente feliz toma riesgos. En caso contrario no es posible mantenerse en forma mental. Atrévase a pensar diferente. Locura, como decía Einstein, es hacer cosas iguales pensando que vamos a obtener resultados diferentes.

En las empresas, en las familias, no paro de ver gente aburrida de la vida, de su tarea diaria. A mi me reclaman para que con mis seminarios sea capaz de motivar al personal. Pero repito una y otra vez que no creo que estemos en época de que cuando una persona se sienta desmotivada pida a su responsable de recursos humanos que llame al señor motivador. Que no. Que uno tiene que venir “automotivadito” de casa.

Haga el siguiente ejercicio. Cuando se levante cada mañana, mírese al espejo. Si la cara que ve no le gusta, que sepa que a los demás tampoco le va a gustar. Por mucho que se esfuerce. Joven es aquel que piensa que lo mejor de la vida está por llegar. Viejo el que piensa que ya pasó. A los 20 años tenemos la cara que Dios nos dio. A los 40 la que la vida nos marca. A los 60 la que nos merecemos.

Hay una preciosa película que se llama “Cinema Paradiso”. En la cinta se narra las vivencias de un niño que, como yo, como tantos otros de mi edad, le encantaba el cine pero cada escena en la cual había un beso era censurada por la autoridad pertinente. Su amistad con el proyeccionista era inmensa. Y a la muerte de éste, pasado ya muchos años, le deja un precioso regalo a ese niño ya adulto. Eran los metrajes de todos los besos robados que en su día el niño no pudo ver por la censura. La película habla en definitiva de la vida y de la lucha por vivir y de cómo las circunstancias no se deben interponer en la consecución de aquello que hemos sido capaces de imaginar para nosotros mismos.

Recupere ya sus besos robados. Que no se los vuelvan a quitar. Siempre estará a tiempo.

 

Ya sabe que sabiduría no viene de “saber”, sino de “sabor”. El hombre sabio es aquel que aprendió a saborear, a disfrutar la vida. Y si para eso debe meter un tiburón en su vida, hágalo. Lo que para la oruga es el fin del mundo, para el resto del mundo es la mariposa. No tenga miedo al cambio. Luche siempre. Eso sí que depende sólo de usted.

Escribir comentario

Comentarios: 0