Una de deseos

Igual me dan los Reyes Magos que la lámpara de Aladino (hoy hay que tener sumo cuidado con las susceptibilidades religiosas). Imagínese que bien el genio de la lámpara o cualquiera de sus majestades se nos presentaran repentinamente y nos dieran diez segundos para pedir, vamos a suponer, tres deseos.

Con sinceridad, ¿los tiene ya pensados? ¿Se imagina que se nos pasara el tiempo y no fuéramos capaces de decidir, o luego nos arrepintiéramos de nuestra elección?

Pues aunque le cuesta creerlo, hay quien por dejadez (para ser suaves) vive sin deseos que puedan lucharse y cumplirse. Son aquellos que habitan en el, llamémoslo metafóricamente, “círculo mortal de la vida diaria”.

¿Para qué te levantas cada día? Para trabajar. ¿Para qué trabajas? Para ganar dinero. ¿Para qué ganas dinero? Para comer. ¿Para qué comes? Para poder vivir. ¿Para qué vives? Para poder levantarme cada día. ¿Para qué te levantas cada día? …

Si uno no tiene claro para qué vivir, no va a encontrar el cómo.

Ese círculo solo puede romperse con deseos que lleven a metas que cumplir y sueños por alcanzar.

Hay dos factores motivantes en esta vida y que nos impulsar a actuar. La necesidad y el deseo.

Por necesidad llegamos a hacer cosas que nunca pensamos que podríamos hacerlas, aunque no nos gusten. Es cierto que la necesidad nos despierta, pero solo nos motiva cuando tenemos carencias. Cuantísima gente estaría hoy dispuesta a lo que fuera por tener un puesto de trabajo, tristemente también el que fuera,… por necesidad. Pero cuanta de esta gente, pasados los años en ese puesto de trabajo, estaría tremendamente desmotivada y sin deseos de levantarse cada día para ir al mismo.

El deseo siempre anima y busca nuevos retos, incluso hace de lo imposible una mera anécdota para convertirlo en posible. Cuando estoy con familias que me transmiten que tienen hijos que “se quieren casar, tal y como está la situación, deberían esperar a tener mejores salarios, no tienen casa, … “a los jóvenes enamorados les da igual. Su deseo hace que todos esos obstáculos los vean salvables comparado con la recompensa a obtener.

¿Pero cuesta saber para qué levantarse, verdad?

Me gustaría simplemente enunciarles 5 claves para comenzar a caminar por el sendero de su éxito personal.

Deseche aquello que le sobra. Si tuviera que correr 100 metros con una mochila, lo primero que haría sería deshacerse de la mochila. Incluso antes de empezar a entrenarse para ponerse en forma. Obtendremos resultados más rápidos desechando lo que nos sobra que desarrollando lo que nos falta. Y piense cuantas mochilas absurdas llevamos a nuestras espaldas (amistades nocivas, tiempo mal gestionado, horas absurdas delante de la tv, vergüenzas,  miedos…)

Tenga diligencia en su quehacer diario. Es decir, haga las cosas bien y en el tiempo oportuno.

Incorpore la disciplina a su vida. Es cierto que al principio parece hacer aquello que no nos es natural de forma constante. Sí, hasta que se convierta en un hábito saludable.

Tome decisiones, aunque se equivoque. Tomar decisiones no es pensar lo que voy a hacer, es hacer lo que he pensado. Y no tema  equivocarse y caerse, el mérito es saber levantarse.

Y, por supuesto, invierta en su desarrollo personal.  Continuamente. Hemos pasado del capitalismo al talentismo. Y el talento es más escaso que el capital.

¿Se imagina montarnos en un taxi y que nos pregunten a dónde vamos y no saber responder?. Que absurdo, verdad. Pues así vamos si no tenemos claro para qué nos levantamos.

P.D. Si sus tres deseos eran salud, dinero y amor, al menos cuídese, no derroche y … le advierto que las de Hollywood son complicadas …

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