Una de líderes

Con el panorama político que se avecina nos espera la presencia de una buena dosis de líderes. Y es una palabra tan bella que me gustaría reflexionar sobre ella y validar su aplicación al entorno político, empresarial y familiar. Ahora verán por qué.

Siempre se nos ha dicho que el líder necesita obviamente de seguidores, de fieles a su causa. Craso error. Ojo con el significado y consecuencias de la palabra líder y fieles. Ningún maestro quiere fieles a su lado, sino discípulos para que éstos a su vez, y con el paso del tiempo, se conviertan en maestros de otros y así siga girando la noria de la historia.

La fidelidad suena a obediencia, y desde aquí vamos a elevar su significado. Obedecer (del latin “ob audire” significa saber escuchar. Todo lo contrario que “hacer caso a la fuerza o hacer lo que el otro me dice”. Si sabemos escuchar, sabremos discernir y tener la libertad de escoger lo que debemos hacer o no, de tal forma que asimilaré los conceptos con el afán de superarlos y sacar la mejor versión de mí mismo. Ser obedientes, entonces sí,  para irradiar con nuestra luz lo que aprendemos para el ajeno. Lo otro, lo que muchos líderes quieren de nuestra obediencia no es sino sumisión, dependencia o fidelidad sorda, ciega y muda.

A la vida hemos venido como maestros para enseñar y como alumnos para aprender. Siempre y en todo momento. Para con nosotros y para con los demás.

Ser líder de los demás solo será posible si nos lideramos a nosotros mismos previamente. Si tú no lideras y administras tu vida alguien lo hará por ti (el mandamiento más supremo, “ama al prójimo como a ti mismo”, podría sustituirse en este caso por “lidera al prójimo como a ti mismo”). De esta forma, el líder promueve, no mueve a los demás, siendo capaz de ayudar a sacar el liderazgo de la otra persona.

Otra de las señales para percatarnos de un auténtico liderazgo es que se tiene autoridad. Autoridad proviene del latín y en su etimología es una cualidad creadora del ser, de la misma raíz que autoría, autor. Un líder es autor y creador de su propia vida y la va viviendo y alimentando hacia una plenitud y desarrollo personal.  Y así pasas de ganarte la vida a crear tu vida, a saber que la cantidad está al servicio de la calidad, el tener está en función del ser, pasas de preguntarte cuál es tu sueño a comprometerte con tu sueño.

Y los líderes con autoridad tienen siempre poder. No para ganar a otros sino para vencerse a sí mismos, para superar los obstáculos y sacar la mejor versión de sí mismos a sabiendas que es una tarea titánica porque nadie da al de afuera lo que no tiene dentro de sí. Y se dejan de quejar, porque al tomar la vida en sus manos, sólo en sus manos, se dan cuenta de algo terrible al mismo tiempo que maravilloso, y es que ya no tienen a nadie a quien culpar.

Por eso no cabe en ellos ni el juicio ni la justificación. La realidad es la que es. Y sobre esa realidad entonces sí vamos a intentar mejorarla con nuestra dedicación y aportación. Sin quejas y respondiendo con habilidad ante la vida (eso es la responsabilidad) . No se trata de mover y ser motor de los demás (eso está bien para las jefaturas) sino imán que atraiga al ajeno elevándose en el horizonte de su visión, porque el horizonte solo está en los ojos del que mira, y cuanto más alto lo pongas más allá podrás mirar. Todo líder ama con vocación su labor y trabajo porque toda persona que ama lo que hace se convierte en investigador y descubridor de nuevos horizontes. De ahí mi horror al observar cuanta gente hastía su trabajo cotidiano y qué pocos horizontes se pueden descubrir desde la tierra rasa.

Líder con fe en su mente que le lleva a la confianza en sí mismo y en su equipo y sabedor que hay que creer para crear y crecer. Y no se atiene a sus conveniencias sino a sus convicciones, no a sus intereses sino a sus valores.

Líder con firmeza en su corazón. La firmeza es el nombre que toma el amor para ayudar al crecimiento del otro. La firmeza no es enfado que acabe en castigo, sino educación que ayuda al crecimiento. Todos los vínculos humanos se rompen cuando no hay firmeza en nuestras determinaciones.

Líder con fuerza en su actitud, no sólo para enfrentarse a las dificultades del camino y que hace afrontar con dedicación lo que hace y vive sino para sostener con perseverancia el camino iniciado, tarea ésta mucho más compleja pues todos empezamos con ilusión un camino pero pocos son los que perseveran en él y no se diluyen ante las dificultades.

Y esa fe en la mente, firmeza en el corazón y fuerza en el actuar, hará que con decisiones, determinaciones y dedicación el líder entonces sí tenga definido su pensar, sentir y actuar en la vida. Por ello, de nada sirve ser luz si no vas a iluminar el camino a los demás.

Hoy más que nunca necesitamos para nuestras familias, empresas y sociedad, padres, empresarios y políticos que sean verdaderos líderes. ¿Veremos alguno? 

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Comentarios: 1
  • #1

    Eli Maurin (sábado, 04 febrero 2017 12:53)


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