Vida plena o plana

Extraña al principio que en mis conferencias siempre haga la misma advertencia. No vengo a dar respuestas ni soluciones sobre lo que expongo, sino a intentar que todos al concluir nos vayamos con muchas más preguntas que con las que habíamos venido. La diferencia entre vivir una vida plena o plana radica en la calidad de las preguntas que nos hagamos a lo largo de nuestra vida. Cada uno se fija sus propios límites. La pregunta es la más creativa de las conductas humanas. Si el ser humano ha logrado pasar de la época de las cavernas a nuestra situación no ha sido por nuestra fortaleza física. Muy al contrario, hemos de agradecer a todos aquellos que rompieron paradigmas e intentaron y consiguieron buscar nuevas soluciones al status quo prestablecido.

Viendo en fechas pasadas la película “El médico” asombra y aterroriza pensar cómo en tres religiones (católica, musulmana y judía) estaba prohibido no hace tanto tiempo, en la Edad Media, que se abriera el cuerpo humano pues se consideraba profanar el templo de Dios. Qué hubiera sido del avance de la medicina si gracias a algunos que se jugaron su vida ante la amenaza de la hoguera no hubieran fomentado su duda y su curiosidad. Sólo así hemos sido capaces de avanzar.

Y animo hoy desde este foro a seguir cuestionándonos nuestros planteamientos actuales de vida y de forma de vida. El que quiera certezas absolutas solo tiene un remedio… morirse, y así sabrá todo. Pero no creo que sea la mejor solución. Por ello, tendremos que aprender a saber vivir con la incertidumbre. Y a hacer las paces con ella, pues será nuestro contexto de vida.

Hágase preguntas. De calidad. Empezando por tres de ellas que no tienen una inalterada respuesta  pues varían con el tiempo de nuestra vida y la situación cambiante de la misma. Empiece por preguntarse quién es usted, para qué está aquí y a dónde va. Y así logrará tener convicciones en la vida, que a su vez le ayudarán a tomar mejores decisiones. De esa forma sabrá decidir no lo que le conviene (actuar por conveniencias) sino lo mejor (actuar por convicciones). Y no se equivocará.

Y tendrá más confianza en sí mismo. Sólo quien tiene esta confianza dentro de sí es capaz de transmitir confianza a los demás. Para crear hay que creer. Y conseguirá una mayor determinación, superando las adversidades que el camino de la vida le ponga.

Y de esa forma vivirá su vida con compromiso en lo que haga. El compromiso siempre es a uno mismo, no confundir con la lealtad que es al otro. Y le llevará a una plena dedicación en su vida profesional y personal, dejando de ser espectador de su vida y convirtiéndose en protagonista.

Necesitamos padres, madres, empresarios, trabajadores, gobernantes,  ciudadanos… alojados en nuestro triangulo de la conciencia, compuesto por el pensar (situado en la mente, en las convicciones), el sentir (nuestro corazón, nuestra confianza en uno mismo) y el actuar (la voluntad, nuestro  compromiso con la vida) frente a la indiferencia, la inseguridad y la insatisfacción de esta sociedad que hoy nos envuelve.

 

P.D. Al ir a dar en fechas pasadas una conferencia en una urbanización, me paré a la entrada de la barrera de acceso. En ella había un letrero claro en sus intenciones. Desde el coche se leía: apague sus luces exteriores (deje de pensar en el otro y lo que hace), encienda sus luces interiores (piense más en usted y para qué está en este mundo) y apague el motor (al menos por unos momentos, relájese y piense). Y cuando el guardia se acercó al coche, simplemente me preguntó, desafiando la metafísica aristotélica… Quien es usted, a dónde va y para qué está aquí. Salí del coche y mirándole a los ojos… le di un abrazo. Posiblemente aún esté pensando por qué lo hice. Pero aprendamos lo que hay que hacer. Y cómo. 

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