¿Quiere ganar una apuesta?

Pregunte a cualquiera que no engrose las listas del paro cuál es su trabajo. Y apueste con él, antes de su respuesta, a que antes de 5 minutos cambiará de opinión.

Lo más normal es que le responda, de carrerilla, sus tareas y funciones dentro de la empresa a la que pertenece. Muy bien.

Vayamos para una mejor explicación al mundo del fútbol, conocido por casi todos. Y pregunte ¿Cuál es el trabajo de un equipo de futbol? No dude que le responderán  “ganar el partido”. Correcto. Y ahora inquiera a su interlocutor ¿y el trabajo de un portero de fútbol? Con certeza le dirá “parar los balones que le tiren”.

Aquí comenzará a ganar su apuesta. Ponga a su interlocutor en el siguiente escenario… final de la copa, último minuto, su equipo va perdiendo 1-0 y hay un córner a su favor. Usted es el entrenador… ¿qué le ordena a su portero? Claro, que suba a rematar el saque de esquina. Se imagina que el portero le responda “lo siento, señor entrenador, ese no es mi trabajo. Mi labor es para balones”. Vaya por Dios, ya la hemos liado.

El único trabajo que existe es ayudar a que mi empresa salga adelante, contribuir al éxito de la organización en la que trabajamos y colaborar a que cumpla su objetivo. Las tareas serán el medio para conseguir el fin último. Lo que ocurre es que eso requiere  compromiso, no cumplimiento.

¿Debemos entonces abroncar al portero? No, antes está la labor de educar al entrenador. Volvamos al mundo empresarial.

Un trabajo, cualquiera que sea, está compuesto de un 10% de cumplimiento y 90% de compromiso.

Pocas empresas fracasan porque sus trabajadores no cumplan. Pero en  ningún contrato laboral hay una clausula donde figure el entusiasmo, la alegría y la pasión que se va a poner en el mismo.

La entrega no se exige, se regala. Y eso es misión del entrenador y el equipo directivo. En caso contrario, tendrá un equipo basado en la  OBEDIENCIA (en el Pensar) viviendo  la vida como una OBLIGACIÓN (en el Sentir) y quedándose  en el CUMPLI-MIENTO (en el Actuar).

Y harán  sólo lo correcto y lo que se debe hacer, cumpliendo en función de no tener problemas. No hay protagonismo, hay PASIVIDAD. Son personas reemplazables. El cumplimiento siempre es al otro, no a uno mismo.

Cada vez hay más directivos que apuestan por otra forma de llegar a los resultados que es anteponiendo el valor y la educación de las personas y su libertad. Una cosa es educar la libertad, enseñando normas, y otra cosa es enseñar la libertad contagiando valores.

Si la libertad no está en función de la unidad, caemos en el INDIVIDUALISMO (el veneno de la conciencia colectiva). Si la libertad no está en función de la generosidad, caemos en el EGOISMO (el veneno de la conciencia personal)

Los valores que buscamos en nuestro equipo para desarrollar un alto desempeño solo lo podremos obtener si lo dejamos florecer del interior de cada persona. El amor y el entusiasmo con que las personas hacen su trabajo no se puede comprar

El pensamiento más elevado es siempre aquel que encierra Entusiasmo. Las palabras más claras son aquellas que encierran Verdad. El sentimiento más grandioso es el llamado Amor.
Entusiasmo, Verdad, Amor. Los tres son intercambiables, y cada uno lleva siempre a los otros. No importa en qué orden se encuentren

No hay éxito sin excelencia. Cuando sólo hay éxito, hay excesos. Y no hay excelencia sin CONSISTENCIA PERSONAL. Esa es la que de verdad hay que trabajar en las personas que están a nuestro cargo (me da igual el entorno familiar que empresarial) Los miedos son a la vida lo que el viento es al fuego. Si el fuego es consistente lo aviva y hace crecer. Si es débil, el viento lo apaga. El problema no está en el viento sino en la consistencia del fuego. 

El hombre invierte dinero por hacer robots con sentimientos y emociones. El ser humano cada vez tiene menos sentimientos y emociones. ¿Absurdo verdad? ¿Pero cuándo trabajamos las emociones?

La labor de un maestro no es enseñar, es ayudar a que el alumno aprenda. La vida no cuenta los pasos que has dado, sino las huellas que has dejado en tu camino.

Nada de esto es aplicable si dice a sus trabajadores “no te pago para pensar”. El perfume de una vida plena es la humildad. Hay gente que encandila pero no mira a nadie porque solo quiere brillar ella. Otra gente tiene luz interior y la contagia con su actitud y atrae a los demás. El magnetismo de una persona se basa en su humildad. De nada sirve ser luz si no vas a iluminar el camino de los demás.

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Comentarios: 3
  • #1

    Francisco (martes, 05 mayo 2015 12:07)

    Muy interesante. Aplicable al entorno familiar y al empresarial, como siempre. En ocasiones me viene a la mente qué es mejor si rodearte de "obedientes" o de personas que aporten. Muchas veces el miedo a que "puedan saber más que uno mismo" " a que me puedan quitar el puesto de trabajo por enseñarles"... caramba. Si logras rodearte de personas con fuerza e ilusión tu trabajo está garantizado. Un buen líder sabe sacar el máximo entusiasmo de los suyos pero no tiene por qué ser el que más sabe. No debe ordenar por que sí sino hacer partícipes a los suyos del objetivo colectivo. Ahora bien, cuanto es necesaria la implicación de la dirección en ese sentido. Y cuantas empresas siguen trabajando con el matiz familiar... Una pena ¡¡ Con los hijos igual. Puedes decir lo que tiene que hacer o puedes dejar a que experimente y reflexionar juntos sobre lo ocurrido. A veces es difícil, nos come el tiempo, la agenda, pero merece la pena. La decisión tomada por él mismo le hace crecer más y buscar su camino en la vida.

  • #2

    Vicente (martes, 05 mayo 2015 19:36)

    Fabuloso artículo. Cada uno que "que se mire el ombligo" a ver que puede hacer desde su posición, para favorecer ese desarrollo profesional, y alcanzar altos grados de implicación y compromiso, tanto en facetas profesionales como personales. Gran artículo como siempre Jose Pomares. Gracias.

  • #3

    Antonio Nicolás - Gerente Profesional (martes, 05 mayo 2015 20:39)

    Totalmente de acuerdo. El que dirige tiene que estar comprometido, tener entusiasmo por lo que hace y contagiar a los demás. Para que esto sea posible, el cargo más alto de la empresa, tiene que tener esos valores, defenderlos y contagiar a su equipo Directivo.