Dos de intimidad (o la intimidad con el otro)

Reza así la siguiente reflexión como continuación a “una de intimidad”, ya que sin conseguir previamente la intimidad con uno mismo no será posible intimar con la otra persona.

Y la intimidad no es un acto a ejecutar, es una actitud a adoptar. Y al igual que con uno mismo, también en esta ocasión y para con los demás,  hay en ese triángulo de la conciencia de pensar, sentir y actuar tres claves para conseguirla.

En el pensar, en la mente, TRANSPARENCIA. En las relaciones, ya sea a nivel personal o profesional, cuando se pierde la intimidad aparece la rutina, la costumbre, la monotonía. En la superficialidad hay apariencia, en la intimidad brota la presencia. Esa transparencia que hace que nuestras actuaciones sean coherentes  con lo que pensamos y sentimos. Entre dos, lo que no se dice y se habla se acaba haciendo. Una transparencia que también hable de nuestras limitaciones, sin miedo y con humildad para saber trabajarlas y de nuestras fortalezas en valores que al encarnarse en nosotros se conviertan en virtudes y así poder colaborar al crecimiento de la otra persona.

En el corazón, en el sentir, TERNURA. Hacer sentir a la otra persona que estás ahí, ahora y en este momento, no de paso por su vida. Alcanzar su interior con mi ser, no simplemente con mi tener o hacer. Interesarse no con preguntas a modo inquisitorial, sino con comprensión y haciendo sentir a la otra persona que es bien escuchado. Hay padres y madres que no besan ni abrazan a sus hijos. Así es difícil llegar a la intimidad. Se alzará el respeto, pero cuantas familias hay que se respetan tanto entre sus miembros que cada una come aislada en su habitación, sin compartir gestos, palabras y maneras.

Y en la acción, en la voluntad, TIEMPO. Muchas veces confundimos la falta de tiempo con la ausencia de interés. Cuando no hay tiempo para la intimidad, el sentimiento se apaga y nace el resentimiento. Adoptemos nuestra estrategia a la hora de cruzar una calle con un semáforo como indicativo. Pare, mire y avance en su vida. Y tome su tiempo para trabajar la intimidad con el otro. Cuando hay intimidad, tenemos tiempo de hablar de las cosas importantes, cuando no hay tiempo, acabamos siendo reporteros de los acontecimientos que pasan en nuestra vida, siempre primando la cantidad de la conversación antes que la calidad de la misma. No es hablar mucho, es hablar bien, no es abrazar mucho, es abrazar bien, no es besar mucho, es besar bien.

Cuando no hay intimidad con el otro, la apariencia vence a la transparencia, la frialdad a la ternura y el apuro al tiempo.

Y al igual que en mi anterior artículo llévelo al mundo empresarial.

Ponga transparencia para con sus colaboradores, dígales lo que espera de ellos, ayúdeles a conseguirlo y reclame su disposición a estar presente en lo que puedan necesitar.

Impregne de ternura sus sentimientos, no como un amor del sentimiento sino del comportamiento, no tiene porqué querer a todos por igual pero sí comportarse con los mismos con ética y justicia.

Y actúe con tiempo porque la mala noticia es que el tiempo vuela pero la buena es que el piloto es usted. Cuanto más tiempo dedique a pensar, más tiempo productivo  tendrá.

Recibo innumerables correos que me dicen lo difícil que es el crecimiento y desarrollo personal. Es cierto. Sobre todo si no se asume que es una labor titánica y hay que perseverar. Pero la vida no tiene límite de llegada, es siempre arrancada. Y lo que tenemos que tener en cuenta es que si usted no lidera su vida, alguien lo hará por usted. Eso lleva presión y tensión.

Si tira una moneda a una piscina y deja que llegue al fondo, al bucear a buscarla notará esa presión y tensión. Le darán ganas de abandonar y salir a la superficie, a la superficialidad. Pero la recompensa está en el fondo, en la profundidad. Aunque al principio le duela la cabeza. No pare de intentarlo.

La recompensa merece la pena. A usted a y su gente. 

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Comentarios: 3
  • #1

    ana (jueves, 04 junio 2015 10:22)

    trasladar la intimidad al mundo empresarial, a la vida en general... es una actitud
    Sublime

  • #2

    Diego (jueves, 04 junio 2015 12:24)

    Muchas veces usamos la intimidación pretendiendo conseguir lo que queremos, sin saber que trabajando la intimidad ni siquiera tendríamos que verbalizar nuestros deseos.

  • #3

    erika (viernes, 05 junio 2015 02:07)

    Agradezco mucho que me haya hecho participe de tan enriquecedores artículos. Pongo mucha atención a cada una de sus palabras puesto que las encuentro muy sabias. Soy madre y estuve en España (Valencia) por 12 años tengo muy gratos recuerdos.
    Refiriéndome a su artículo es tan difícil para muchas personas alcanzar la transparencia en su actos y ser humildes, sobre todo jefes, encargados pues considero que son quienes deberían ser ejemplo a seguir.
    Saludos y felicitaciones