Sacrificio, no Sacrilegio

Aristóteles, que de verdad que de esto que voy a hablar sabía, exponía que el fin último y primordial de la vida humana era lograr la felicidad. O dicho de otro modo, “el bien supremo”, porque es el fin que queremos alcanzar por todos los medios.

 

La primera reflexión que me viene a la cabeza es preguntarme cuántos de nosotros sabemos cuál es mi ideal y misión en la vida, y que si no soy consciente de conocer mi fin no habrá medio por el cual lo logre.

 

Dedicamos mucho tiempo a trabajar mejor  y muy poco a ser mejores personas.

 

Cuanto más claro tengo las cosas, mayor conciencia tengo y a mayor conciencia, mayor conocimiento y eso nos lleva a un mayor compromiso en la vida en la búsqueda de la felicidad.

 

Sin embargo tratamos de obtener otras cosas como inmuebles, poder, fama o notoriedad porque pensamos que nos harán felices, pero olvidamos que la felicidad tiene valor por sí misma y que todo lo que hacemos no es sino para alcanzar esa pretendida felicidad.

 

De lo contrario confundiríamos la felicidad con el placer. El placer provoca adicción, la adicción querer más, lo que conlleva a la vida cuantitativa, a la acumulación, desembocando en la corrupción (¿les suena?)

 

Por eso es conveniente que en su jerarquía de valores priorice la felicidad como fin y asuma que el resto de actividades, propiedades o logros son medios para lograrla. De lo contrario pasará de hacer sacrificios a sacrilegios.

 

Sacrificio proviene de “sacrificare” que en latín significa consagrar. Las personas consagradas tienen vocación por lo que hacen, y vocación es una llamada en la vida que te evoca a  mirar más allá de uno mismo. No es mirar sólo a tu persona sino sembrar algo que permita que otros continúen. Todas las grandes reformas de la humanidad han sido realizadas por gente consagrada.

 

Hoy está muy de moda la conciliación familiar y laboral. Pero más que equilibrar el trabajo y la familia debería tratar de integrarlos para su buena vida. No consiste en qué hacer sino en elegir cómo hacer lo que uno hace para sentirse pleno y no plano. Si concilia su vida laboral en aras de estar tiempo con su familia y en esa dedicación su actitud con los suyos es distante, fría y ausente no creo que se sienta feliz por dicha conciliación. Lo que le colmará es dedicar  ese tiempo con afecto, disfrute y cariño.

 

La manera en que usted realiza una actividad es más importante para su felicidad que la actividad en sí misma.

 

De ahí mi obsesión por insistir en que la familia y la empresa son dos instituciones prácticamente idénticas, con la única salvedad que en la familia debería haber un amor basado en el sentimiento y en el entorno laboral un amor del comportamiento.

 

En su trabajo no olvide que su actividad debe ser un medio para alcanzar la felicidad. Debe trabajar para vivir con felicidad no vivir para trabajar. Por lo cual debemos prestar mucha atención a la manera en la que trabajamos y qué nos reporta. La mayoría de la gente dedica el 80% de su tiempo de vigilia al trabajo. Excesivo espacio como para no tomarlo en serio.

 

Sin embargo, aunque las personas estamos hechas para trabajar, gran parte de  los trabajos no están diseñados para las personas. En la mayoría de los trabajos, desde el personal de base, mandos intermedios y directivos, y a lo largo de la historia, lo importante no ha sido cómo adaptar un puesto de trabajo para que los trabajadores puedan dar lo mejor de sí mismos sino cómo lograr que rindan al máximo. Sacrilegio antepuesto al sacrificio una vez más.

 

Como director, empleado, padre, madre o amigo simplemente, mi deber, mi obligación es aportar claridad a los demás, es ayudar a la consciencia de los demás a ser felices.

 

Al compromiso no se llega con arengas sino con la claridad interior de la paciencia a través de la palabra. A nadie se educa con arengas, ni con gritos sino con la claridad de la palabra permanente que abone su corazón.

 

La felicidad es una decisión interior de llegar a SER, no de TENER.

 

La felicidad no es un puerto de llegada. La felicidad es una manera de viajar. No es un lugar al que se llega, es una actitud que se tiene permanentemente.

 

Recuerde que la vida no es un acto a ejecutar, es una actitud a adoptar. Nadie dice que sea fácil.

 

 

Tendrá que hacer sacrificios para lograrlo, pero no cometa sacrilegios.

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Comentarios: 1
  • #1

    Julio Rodríguez Abenza (jueves, 17 marzo 2016 11:28)

    Muy bueno, como es habitual en ti. Menuda novedad! Solo tenemos una vida y somos especialistas en estropearla.