La mitad de uno es el ombligo

Los principios, en una de sus acepciones que es la que interesa en este momento, son fundamentos o leyes que se refieren a cómo funcionan las cosas y que son inalterados e inalterables en el tiempo. Léase el principio de Arquímedes o de Pascal o tantos otros que estemos en el país o en la época que nos haya tocado vivir siempre tendrán la misma validez y aplicación.

 

Es importante distinguir la diferencia con los valores. Los valores son los que determinan las prioridades dentro de nuestro estilo de vida y que sí varían dependiendo del tiempo o del lugar donde nos encontremos.

Si quiere haga la prueba. Hoy mismo después de que su suegra le haya invitado a comer pruebe a eructar en España o en Arabia. La diferencia queda clara.

 

Y quería hoy centrarme en algunos principios de vida  que con seguridad le pueden llevar tanto a la excelencia en su ser como al éxito en su tener.

 

La vida no para de ponernos exámenes sin avisar. Y a diferencia de la escuela, aquí no consiste en aprobar o suspender, sino en aprender. Y la primera lección que como principio debemos aprender es que día a día hay que superar retos, se los ponga usted o la propia vida. Por lo que si no tenemos claro cuál es nuestro fin, nuestro porvenir, no vamos a encontrar los medios para llegar hasta la meta propuesta, porque simplemente no la habremos definido.

 

No me diga que ya está predestinado. Si piensa así, no haga nada y que el destino se encargue de llevarle. Le auguro mal resultado.

 

Mire a su alrededor. Todo lo que está viendo ha sido creado al menos dos veces por su inventor. Una primaria en su cabeza imaginando cómo podría ser y otra poniéndose manos a la obra. Haga lo mismo con su vida.

 

Sueñe su vida y pinte sus sueños.

 

Si no hay un plan predefinido vivirá en modo piloto automático y será el avión el que le lleve a donde le plazca, no ejercerá de piloto. Para hacer una casa se diseña un plano y luego se ejecuta. De otro modo la casa tiene grandes probabilidades de salirle torcida. Diseñe siempre su vida. Y acostúmbrese a rediseñarla con el tiempo.

 

Porque lo más normal es que tenga que hacerla cambios. Y aquí aparece otro principio que nunca falla.

 

Si quiere cambiar su vida un poquito, cambie lo que está haciendo. Si quiere grandes cambios en su vida, cambie su manera de pensar.

 

Si hace cosas distintas pero  no cambia su forma de pensar, posiblemente el cambio además de ser pequeño no permanecerá mucho en el tiempo.

 

No piense qué debe hacer diferente sino cómo lograr pensar de modo distinto.

 

Si no le gusta trabajar por cuenta ajena, puede cambiar de trabajo, pero la insatisfacción llegará pronto a su vida.

 

Y para ello necesita, como digo, pensar de forma distinta rompiendo las creencias limitantes que ahora pueda tener. Expanda sus límites.

 

Haga cosas nuevas que piense que son imposibles conseguirlas. Atrévase.

 

De lo contrario le pasará como al elefante que está con una simple estaca y una cuerda asida a su pata para creer que le es imposible liberarse de ella. Un día, cuando era pequeñito, una argolla y una cuerda le impedían avanzar. Por más que tiraba, al tensar la cuerda hasta el máximo, el pequeño elefante quedaba paralizado. Ahora, de mayor, no entiende que pueda con ella. Al notar el tirón de la cuerda sabe que ese es su límite, Y ni lo intenta. El problema es que la estaca ha pasado de la tierra a su cerebro.

 

Si siempre hace lo mismo, no dude que los resultados siempre serán idénticos.

 

Y para ello tiene que romper sus miedos. Ser valiente no es no sentir miedo, sino hacer lo que se tiene que hacer a pesar de sentir miedo. El miedo, además de necesario (pruebe a cruzar una calle de su ciudad sin miedo a ver lo que dura) siempre nos ayuda a protegernos de algo o a investigar sobre la cuestión en sí. No es sino una fuente de información sobre lo que tenemos que hacer.

 

Y el primer miedo que tiene que superar es a usted mismo. Otro principio que jamás cambiará es que si quiere conocer a alguien observe de qué habla y cómo opina de sí mismo.

Nútrase de alimentos enriquecedores. Y no solo en el aspecto gastronómico. También en el cultural, académico y espiritual. Nuestros hijos, amigos, empleados… no se alimentan de lo que les demos de comer, sino de nuestra sonrisa, entusiasmo, amor y optimismo que demostramos con ellos.

 

Y no tenga miedo a tropezar. Le pasará. Lo importante no es caer sino saber levantarse. No pare de practicar y entrenar. Nadie aprendió a montar en bici o a nadar yendo a conferencias. De lo contrario nunca será una persona completa. Y la mitad de uno es el ombligo, y no parará de mirarse en él olvidando la información que el mundo le está dando.

 

Aplique estos principios en su vida. Y, si es posible, revístalos de valores.

 

 

Esos ya dependen de usted. 

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Comentarios: 3
  • #1

    Adolfo Reborio Fernández (martes, 19 abril 2016 17:57)

    Muy bien, con ingenio y "actualidad". No solo da que pensar, -meditar- sino algo aún más importante: Invita a cuestionarnos la falsa creencia de que estamos en poder de la verdad, y no de nuestra propia realidad, con frecuencia muy distante del camino que nos puede llevar a un estado de equilibrio y serenidad, en beneficio propio ...y de quienes nos rodean. Creo que ya puedes ir pensando en recopilar tanto material, y empezar a escribir un libro. ¡Enhorabuena!

  • #2

    Mercedes Carrilero (martes, 19 abril 2016 21:14)

    Estupenda entrada Pepe! Es necesario, por no decir imprescindible, la auto revisión interna para encontrar verdades, razones, por qués de cómo vivimos y de que nos pasa. Enhorabuena como siempre!

    pd: el libro para cuando??? :)

  • #3

    lucia ruiz molina (martes, 19 abril 2016 22:27)

    Excelente artículo Pepe ,debemos tener miedo pero no pánico ,,cambiando nuestra actitud hacia la vida y vivencia..Bravo!!!!