¿Pones ladrillos o edificas tu vida?

Soy consciente que el hecho de trabajar para tantas empresas con ánimo de lucro desde mi ámbito de ética personal y por ende empresarial significa que no estamos en una época de cambios sino en un cambio de época.

 

Cuando comienzo mi trabajo en ellas advierto que no veo trabajadores, sino ante todo personas que como yo caminan por la vida. Simplemente el que cuenten conmigo ya delata que esa organización está sana y bien, pero como todo en la vida, susceptible de mejorar y querer hacerlo.

 

Y la clave de la evolución es anteponer la calidad a la cantidad. Pasar de lograr más a ser mejores personas. Teniendo más es difícil cambiar, siendo mejores es cuando asumimos el cambio que nos llevará al progreso.

 

En mi trabajo como consultor de directivos les pregunto por su tiempo libre ante su extrañeza. Pero es que si no existe tiempo para ti y tu crecimiento eres simplemente una máquina de trabajar que acabará atendiendo a lo urgente sin centrarse en lo nuclear, en lo importante.

 

Y no hay nada más importante que tú mismo como persona. Hoy ya no se necesitan sólo gente que haga bien el trabajo sino gente de bien que trabaje. No es sólo lo que haces sino cómo eres. Es más crucial el ser que el hacer.

 

Los conocimientos no enamoran, contagia tu forma de ser. Y pregúntese que está contagiando a los demás. Si hay algo por lo que tenemos que luchar permanentemente es por lograr superarme cada día y ser mejores personas.

 

¿Y qué es eso de ser mejor persona?

 

Por la educación que hemos recibido podríamos respondernos que consiste en cumplir las normas (éticas, espirituales, sociales…) que se nos han impuesto desde pequeños. Pero de esa forma quedaríamos simplemente en el cumplimiento.

 

La novedad de este cambio de época es que hemos de ser capaces no de cumplir normas, que además son variables en tiempo y espacio, sino de sacar nuestra mejor versión.

 

Y para ello habría tres preguntas que todos deberíamos reflexionar para responderlas y de esa forma comprometernos ante nosotros mismos cuando fallemos por cualquier motivo.

 

¿Qué dejarías de hacer que estás haciendo ahora? Piense en sus malos hábitos y cámbielos por los contrarios que le hagan crecer hasta llegar a la excelencia.

 

¿Qué no estás haciendo que tendrías que hacer? Posiblemente le saldrá una larga lista si responde de forma profunda, pero empiece por el primer paso para prepararse a la larga caminata sin desesperación.

 

¿Cómo harías lo que estás haciendo? Imagínese lo mejorable que son nuestras actuaciones a día de hoy. Usted puede saludar a su llegada al trabajo, pero el saludo puede ser de amargura, rencor, desesperación,… o contagiando alegría.

 

Si lo anota le ayudará a corregirse y no engañarse.

 

Obviamente no fuimos educados así porque a esta sociedad de consumo lo que le interesa es que nos consumamos teniendo y haciendo, no siendo.

 

Y si logro ser mejor persona, podré ayudar a los demás también a serlo. Hay quien me dice que “yo no hago mal a nadie”, pero aquí no hemos venido a no hacer el mal, sino a hacer el bien. Lo primero, no hacer el mal, sería nuestro suelo, pero hacer el bien debe ser nuestro techo.

 

Etimológicamente pecar significa errar en el blanco. Nos han enseñado que pecar es ofender a Dios. No, es fallarte a ti mismo, pero si no sabes cuál es tu blanco será difícil que redirecciones  el arco para no volver a equivocarte.

 

Y cuando voy sacando mi mejor versión y siendo cada día mejor persona descubro que la palabra bien no se puede conjugar en singular sino en plural. Ya no prima sólo mi bien sino el de los míos, tanto en el entorno familiar como empresarial. Dejo de pensar en lo que me conviene de mi compañero y pasa a importarme en su esencia como ser. No veo lo que tiene sino lo que necesita. Y pasamos de ser recursos humanos al valor más importante de la organización como personas que movemos y damos vida a la empresa.

 

¿Y cómo sé cuál es mi mejor versión? Eso es un tema suyo. Pero si lo analiza consiste en hacer el bien. Y el bien propio nunca puede dañar al ajeno. El bien no acaba en uno sino que se multiplica por todos.

 

Cuando saco mi mejor versión me brota la alegría y todos nos beneficiamos de ello pues contagio mi bien estar.

 

Es un cambio de época en las organizaciones. Trabajar viene de traba y así empezamos mal. En lugar de eso saque su mejor versión para que los demás también se beneficien de su caminar por la vida. La vida no es un acto a ejecutar (cumplimiento) sino una actitud a adoptar (compromiso).

 

Cuentan que un viajante pasó por un pequeño pueblo en una tarde muy calurosa y vio a tres personas poniendo ladrillos. Preguntó a la primera qué hacía y éste con tono malhumorado le contesto si era tonto, “pues poner ladrillos, es que no lo ve?. Inquiriendo a la segunda le dijo “estoy levantando una pared” con desgana y aburrimiento. Y al hacer la misma pregunta a la tercera persona le dijo ”estoy haciendo algo maravilloso que no hemos tenido en el pueblo ni yo ni mi hijo pero va a tener mi nieto.

Estoy haciendo el colegio del pueblo”

 

Hay quien pone sólo ladrillos y quien edifica su vida.

 

 

¿Usted qué hace? ¿Y  sus trabajadores?

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Comentarios: 1
  • #1

    JUAN DEL CERRO (jueves, 12 mayo 2016 20:41)

    Fantastico, gracias querido y amigo José.
    Un fuerte abrazo.