Sueña tu vida y pinta tus sueños

No podemos mejorar lo que hacemos si antes no mejoramos lo que somos. Sin embargo, dedicamos mucho tiempo a cómo trabajar mejor y muy poco a cómo ser mejores personas. Y antes que profesionales somos seres humanos.

 

Lo digo siempre a los empresarios que quieren contar con mis servicios para que hable a su personal. Es imposible que alguien vaya a trabajar con la misma predisposición el día después de su luna de miel que el de haber enterrado a un ser querido.

 

Ser líder no es una cuestión de técnicas, sino de un propósito personal. No por comprar un piano eres pianista, ni por tener un hijo un padre o madre, ni por dirigir un equipo se es un líder. 

 

Y hemos de tener claro cuál es nuestro propósito y el de nuestra gente. A mayor claridad, mayor conciencia, y a mayor conciencia mayor compromiso. Y a mayor confusión, mayor ignorancia, y a mayor ignorancia, mayor indiferencia.

 

Muchas veces escuchamos eso de “alcanza tu sueño”. Pero hay dos tipos de sueños. Los accidentales y el esencial.

 

Sueños accidentales son aquellos que tienen que ver con la obtención de cosas materiales, muy loables todos ellos, pero si sólo te mueven esos sueños uno termina siendo adicto a los mismos.

 

Y ahí empiezan las luchas de los egos en la persona y en las organizaciones. Por ese camino, en solitario, acabaremos en un mundo cuantitativo, con una motivación peligrosa ya que serás dependiente de lograrla, olvidándose de los demás cuando se consiguen.

 

Las empresas que sólo generan en sus equipos sueños accidentales están edificando a su gente sobre arenas movedizas.

 

Los sueños accidentales han de acompañar siempre al sueño esencial, que no es otro que alcanzar la mejor versión de uno mismo.

 

El exceso siempre enferma, la excelencia no. El éxito está fuera y no depende sólo de ti. La excelencia está dentro y sí es una cuestión propia. Se puede TENER éxito pero se ES excelente. Llevar tus talentos y tus fortalezas al bien común, no solo para mi sino ayudando y contribuyendo para que  los demás también lo consigan.

 

Hoy ya no se necesitan sólo gente que haga bien el trabajo sino gente de bien que trabaje. No es sólo lo que haces sino cómo eres. Es más crucial el ser que el hacer.

 

Los conocimientos no enamoran, contagia tu forma de ser. Y pregúntese que está contagiando a los demás. Si hay algo por lo que tenemos que luchar permanentemente es por lograr superarme cada día y ser mejores personas.

 

¿Y qué es eso de ser mejor persona?

 

Por la educación que hemos recibido podríamos respondernos que consiste en cumplir las normas (éticas, espirituales, sociales…) que se nos han impuesto desde pequeños. Pero de esa forma quedaríamos simplemente en el cumplimiento.

 

La novedad de este cambio de época es que hemos de ser capaces no de cumplir normas, que además son variables en tiempo y espacio, sino de sacar nuestra mejor versión, de alcanzar el compromiso.

 

Y para ello habría tres preguntas que todos deberíamos reflexionar para responderlas y de esa forma comprometernos ante nosotros mismos cuando fallemos por cualquier motivo.

 

¿Qué dejarías de hacer que estás haciendo ahora? Piense en sus malos hábitos y cámbielos por los contrarios que le hagan crecer hasta llegar a la excelencia.

 

¿Qué no estás haciendo que tendrías que hacer? Posiblemente le saldrá una larga lista si responde de forma profunda, pero empiece por el primer paso para prepararse a la larga caminata sin desesperación.

 

¿Cómo harías lo que estás haciendo? Imagínese lo mejorable que son nuestras actuaciones a día de hoy. Usted puede saludar a su llegada al trabajo, pero el saludo puede ser de amargura, rencor, desesperación,… o contagiando alegría.

 

Si lo anota le ayudará a corregirse y no engañarse.

 

Obviamente no fuimos educados así porque a esta sociedad de consumo lo que le interesa es que nos consumamos teniendo y haciendo, no siendo.

 

Y si logro ser mejor persona, podré ayudar a los demás también a serlo. Hay quien me dice que “yo no hago mal a nadie”, pero aquí no hemos venido a no hacer el mal, sino a hacer el bien. Lo primero, no hacer el mal, sería nuestro suelo, pero hacer el bien no tiene techo.

 

Y crea que lo puede conseguir. La fe no hace que las cosas sean más fáciles, hace que sean posibles

Decía Van Gogh que su secreto era que “soñaba sus cuadros y luego pintaba sus sueños”.

 

Sueña tu vida y pinta tus sueños. 

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